La verdadera historia del Tyrannosaurus rex

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El Mesozoico fue una era que se extendió hasta hace 65 millones de años en La Tierra. Quizás sea la era más famosa de toda la historia, como no podía ser de otra manera, gracias a la gran pantalla. Los protagonistas de esta época son unos reptiles de aspecto extraño y tamaños desmesurados, como el Tyrannosaurus rex, en comparación con la mayoría de sus congéneres reptilianos actuales. Los llamados dinosauros, que en griego significa “lagarto terrible”.

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De todo se ha dicho sobre ellos a lo largo de la historia. Muchos se limitaron a estudiarlos como simples fallas evolutivas. Como si la evolución hubiera apretado con demasiada firmeza el acelerador en un mundo que estaba siendo dominado por los reptiles. Hasta los años noventa como tal fueron estudiados, como simples lagartos grandes.

Sin embargo, el nuevo milenio arrojó una luz diferente sobre los estudios paleontológicos. La visión sobre muchas criaturas de la era Mesozoica cambió radicalmente. Pero esto, más que esclarecer algunas polémicas, enturbió aún más determinados asuntos.

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El Tyrannosaurus rex, el Lagarto Tirano Rey literalmente. Siempre lo hemos visto como un superdepredador. Habitó La Tierra solo durante los dos últimos millones de años del Período Cretácico.

Tyrannosaurus rex

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Con un cuerpo de 15 metros de longitud, una altura de 6 metros y un peso que podía superar las cinco toneladas (el peso de un elefante africano), a lo que se añade un enorme cráneo de hasta 1,5 metros. Hasta ahí puede resultar no demasiado amenazador para muchos lectores, ya que existen multitud de enormes bestias a día de hoy que son más bien gigantes pacíficos y herbívoros.

Sus dientes apuntan sin duda a que se trataba de un carnívoro. Enormes y afilados como dagas. Sin embargo, eso no significa que debiera ser cazador. Pudo simplemente alimentarse de carroña. Su enorme tamaño y peso indican que no era un gran corredor. Seguramente no hubiera superado los 40 km por hora a la carrera, lo que añadido a la longitud de su cuerpo que le impedía maniobrar con precisión, señalan que igual no hubiera triunfado entre el club de los depredadores de la época.

La proporción de las longitudes de los huesos de sus patas traseras no se corresponden con las de un animal cazador. Pero por encima de todo, hay un rasgo que nos da más pistas sobre su posibles comportamiento y posición en la cadena trófica de finales del Cretácico. Se trata de su cavidad olfativa. Ningún otro animal existente en La Tierra, actual o extinguido tiene una cavidad olfiativa proporcionalmente mayor que la del T. rex. Lo más parecido son las de algunas aves de presa carroñeras como el buitre de cuello rojo, capaces de detectar el olor de la carne en descomposición a decenas de kilómetros.

Por ello, donde antes se alzaba una criatura monstruosa, sedienta de sangre de dinosaurios herbívoros y hambrienta de la carne de los mismos, tenemos ahora una criatura peculiar, lenta y poco maniobrable, con una capacidad para detectar cadáveres a muchos kilómetros. Pocos animales que practican la caza activa se ajustarían a esa descripción.

Entre los cambios en la imagen que se tiene de los dinosaurios que se han producido en los últimos años, está tambien la presencia de plumas. Muchos fósiles las muestran, igualmente fosilizadas. En el caso del tiranosaurio no se han encontrado, aunque sí en algunos de sus parientes cercanos, lo que incrementa las posibilidades de que también existiesen en esta especie.

dinosaurio
Plumas de dinosaurio fosilizadas.

Los buitres, aves carroñeras, se caracterizan por un aspecto no demasiado “estético” en térmicos antropocentristas, pero altamente eficiente en lo que a la explotación de cadáveres como medio de alimentación se refiere. Sus cabezas están desprovistas de plumas, lo que facilita introducirlas por estrechos orificios en la carne de las carcasas de animales de las que se alimentan. Además estas zonas de su anatomía parecen imitar esa carne corrompida que les sirve de sustento. Por ello, existe la posibilidad de que el tiranosaurio, además de plumas, contase con una imagen facial similar, con la piel rosada, con abultamientos como los de muchas aves. Incluso pudo poseer mal olor, y aspecto bastante desagradable.

Seguramente seguía a los rebaños de grandes dinosaurios herbívoros, alimentándose de aquellos ejemplares que sucumbían a los efectos de la edad, o aquellos restos de individuos atacados por otros dinosaurios carnívoros. Si bien la anatomía del tiranosaurio parece indicarnos que era incapaz de cazar, su gran tamaño le ayudaría a intimidar a cualquier carnívoro más pequeño, que no tendría otra alternativa que cederles sus recién cazadas presas a este último.

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Juan José Alférez Cara
Biólogo. Le fascina la naturaleza y esa fuerza moduladora que durante millones de años ha dado lugar a todas las formas de vida que hoy habitan La Tierra, llamada Evolución, y que también ha servido de lienzo para las leyendas de todos esos escritores desde la Antigua Grecia hasta el Siglo XXI. Contacto:juanjoalferez1@gmail.com

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