Gigantophis, la serpiente que devoraba elefantes

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Durante más de cien años, antes del descubrimiento de la Titanoboa (2009), el puesto de la serpiente de mayor tamaño de la historia lo ostentaba una especie extinta que había habitado la tierra hace unos 36 millones de años, que recibió el nombre de Gigantophis, la cual no recibió sin embargo, tantos titulares en prensa como su prima de mayor tamaño.

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El periodo en que habitó La Tierra se corresponde con el Eoceno. Se han encontrado sus fósiles en todo el Norte de África, especialmente en Argelia y Egipto, y también al sur del Sáhara. Hacia el noreste se extendió también en Pakistán. Fue descubierta en 1901. Se estima una longitud máxima de 11 metros, por lo que incluso habiendo sido desbancada por la Titanoboa, Gigantophis seguía siendo más grande que cualquier especie actual. Alcanzaba un peso de 700 kilogramos.

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Comparación de los tamaños de varias especies de serpientes, tanto actuales como extintas. Lo que sobresale en el caso de Titanoboa y Gigantophis no es solo su mayor tamaño con respecto a la anaconda y la pitón reticulada (las especies más grandes en la actualidad), sino también su mayor diámetro. Algo que da aún más idea de sus dimensiones. Actualmente, a pesar de que la pitón reticulada puede superar a la ancanconda en longitud, es esta última la que ostenta la posición de serpiente más grande, ya que es más pesada y su cuerpo tiene mayor tamaño.

A pesar de las diferencias de tamaño, las serpientes representadas en el esquema tienen todas una característica en común. Son (en el caso de las actuales) o eran (en el de las extintas) especies constrictoras, lo cual significa que comprimen a sus presa entre los anillos de su cuerpo para acabar con su vida antes de devorarlas. Eso explica en parte los enormes tamaños que alcanzaban o alcanzan las constrictoras. Un cuerpo más grande alberga una mayor fuerza a la hora de obtener el alimento. Los ejemplares eligen presas moderadas, ya que a pesar de poder alimentarse de animales bastante grandes, determinadas presas pueden ser peligrosas para la propia serpiente, debido a su tamaño o a la presencia de un exceso de huesos o una morfología corporal que pueda dificultar la digestión o el movimiento de la presa dentro de la serpiente. De ahí que animales como las tortugas sean evitados por las serpientes.

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En el Eoceno, la zona en la que millones de años después se encontraron los fósiles de la Gigantophis estaba habitados por multitud de mamíferos, entre los que destacaban los parientes primitivos de los actuales elefantes. Gigantophis se habría alimentado sin lugar a dudas de ellas. Si bien no alcanzaban las dimensiones de los proboscídeos actuales, eran presas de gran tamaño, y ninguna especie de serpiente actual se atreve con una presa de idénticas dimensiones. Estos proboscideos primitivos eran algo más grandes que un cerco actual. Además, la Gigantophis también se alimentaba de cocodrilos, rasgo que compartía con la Titanoboa.

Recreación de un ejemplar de Gigantophis devorando un elefante primitivo.
Recreación de un ejemplar de Gigantophis devorando un elefante primitivo.

Los paleontólogos observan diferencias entre las Gigantophis encontradas en África con respecto a los encontrados en Pakistán, por lo que a pesar de que todos han sido representados bajo la misma especie, Gigantophis garstini, es posible que en el futuro se reescriba la taxonomía de este grupo y se de lugar a más especies diferentes. Además, existe el pensamiento generalizado entre los paleontólogos de que Gigantophis podría haber existido ámpliamente en Asia. Incluso se piensa que podría haberse expandido también a determinadas zonas de Europa.

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Juan José Alférez Cara
Biólogo. Le fascina la naturaleza y esa fuerza moduladora que durante millones de años ha dado lugar a todas las formas de vida que hoy habitan La Tierra, llamada Evolución, y que también ha servido de lienzo para las leyendas de todos esos escritores desde la Antigua Grecia hasta el Siglo XXI. Contacto:juanjoalferez1@gmail.com

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