Toreros que hicieron pactos con el diablo

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El diablo estuvo presente en la vida cotidiana de nuestros antepasados. De su existencia nadie dudaba. Con él aprendieron a convivir entre el temor ancestral y la burla los hombres y mujeres de nuestro Siglo de Oro, convirtiéndose en fuente de inspiración creativa en todos los ámbitos del arte, la literatura y la música. Su iconografía mutante, su presencia maligna, sus conexiones con otros mundos como el de la brujería, la posesión maléfica, el infierno y la magia, no dejaron indiferentes a teólogos y pensadores, como tampoco al pueblo llano, quienes encontraban en su figura el contrapunto imprescindible ante la redentora divinidad.

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Van a ser muchos los pueblos españoles donde la figura del príncipe de las tinieblas será una realidad. Vecinos de diversas villas y ciudades contarán peripecias vividas con dicho personaje milenario, como queriendo con su experiencia, adoctrinar a los atónitos oyentes. Es curioso, sin embargo, que sepamos tampoco de una figura tan constatada, tan omnipresente, provocadora y tan fascinante. Razón más que suficiente, para que le otorguemos al diablo la importancia debida, a pesar de que no encaje muy bien en nuestra cultura actual.

La Iglesia jugará un papel fundamental en la agitación popular de dicho personaje a través de la predicación lanzada desde los púlpitos, sobre el temor al diablo como estrategia de control religioso y social, alimentando la presencia del mismo en todos los ámbitos de la vida. Discernimiento que hará que muchas personas testifiquen y cuenten haber tenido acercamientos físicos con dicho ser, e incluso, haber bajado hasta sus aposentos en el ardiente y terrible infierno bíblico.

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Los sujetos que tradicionalmente trataban de hacer pactos de este tipo, solían creer que Dios les había abandonado y que no encontrarían alicientes en sus vidas para continuar. Solían ser gentes de escasos recursos económicos, mujeres, sobre todo, que cansadas de su más que triste pobreza, decidían convenir con el diablo para llevar una vida de riquezas y buenas ocasiones. Personas que no podían tolerar el anonimato de sus vidas y, por consiguiente, buscaban además de dinero, la fama o cualquier otro tipo de acuerdo que repercutiese de una forma inmediata en la mejora de su vida terrenal. Ejemplos de estas realidades sigilosas y clandestinas, vamos a encontrar en distintos lugares del país, demostrándonos los fieles seguidores de oraciones, pócimas y conjuros, qué en su momento, los sucesos que contaban a vecinos y lugareños, solían tener, para su bien, una multitud importante de prosélitos seguidores.

Conoceremos crónicas de diferentes personajes reales que se consagraban en cuerpo y alma ante el príncipe de las tinieblas, y que serán cazados por la Inquisición y recogidos sus casos en los distintos procesos inquisitoriales de los que extraeremos lo insólito e inaudito de sus vidas. Ubicaros allí donde mejor consideréis y prestad atención a lo que viene: Satanás y sus secuaces piden paso en este laberinto de pasiones, ¿te atreverás a cruzarlo?

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Ventura Rodríguez un torero al servicio de Satanás

Nuestro primer discípulo del ángel caído es un torero español que en el año 1748 decidió pactar con Satanás, el nombre de este incondicional y devoto palafrenero del señor del averno, es Ventura Rodríguez, un torero español. Pocas artes encierran tantas supersticiones y manías como el toreo. Los espadas se aferran a imágenes y símbolos buscando protección y suerte. Tanto es así, que todos los diestros siguen un estricto ritual antes de enfrentarse al toro. Muchos se visten de luces en soledad o siempre acompañados de las mismas personas de confianza por temor a que alguien ajeno traiga mal fario. Todas las plazas tienen su capilla, en la que los maestros se encomiendan a las imágenes buscando protección contra las astas del animal. El fervor es tal, que desde siempre, las estampas e imágenes religiosas, han acompañado al matador incluso en el transcurso de la corrida, convirtiéndose en un instrumento más para hacer frente al toro. Debajo de la montera, cosidas al capote, bajo el traje o colgadas del cuello, las imágenes cristianas forman parte de la fiesta.

Torero del siglo XVIII.

Muchos toreros han hecho de la superstición algo fundamental en su existir; poner el vestido de torear encima de la cama es de mal augurio, ya que al tocar las sábanas se está llamando a la muerte, es por eso, que ponen su traje sobre una silla de madera para que “toque madera”. Muchos matadores piensan que alejan a la muerte al no permitir que una mujer toque los trastos de torear, que no vea al torero antes de partir a plaza y que durante la corrida no estén presentes en el callejón.

Imágenes de la Virgen de Cristo o santos, son signos más laicos, como simples ajos o monedas, han acompañado siempre a quienes se juegan la vida en la plaza. Aun así, muchas veces, ni el más sagrado de los iconos ha podido terciar para salvar la vida del torero, y en muchas de las ocasiones que el albero se ha teñido de sangre humana, algo extraño ha precedido al momento fatal. Situación, que la gente del mundillo taurino ha tachado de inexplicable, anómalo e incluso de maldito. Mientras algunos lidiadores se aferran a lo estrictamente religioso, otros en cambio, lo hacen pactando con sangre de su propio cuerpo con el mismísimo príncipe de las tinieblas. Éste es el caso de un joven aspirante a torero, natural de Segovia, llamado Ventura Rodríguez, un oscuro personaje que firmó un documento con su propio plasma. Harto quizás de pedir a Dios y a la Virgen ayuda para sus éxitos, decidió cambiar de tercio y acercase hasta las puertas del infierno. Su misión era clara, pedir al diablo determinadas cosas para su buen funcionamiento como torero y como persona: su pacto decía lo siguiente.

Digo yo, Ventura Rodríguez, que hago pacto con el demonio y que lo hago con efecto, para que me de licencia para saber mejor torear, que es capear, poner banderillas, estoquear y otras habilidades, tener mucho corazón y poder tener amistades con grandes de España y otros, así como saber hablar y correr. AHN. MPD. 362

Dicho pacto lo llevaba Ventura Rodríguez pegado al pecho al lado del corazón, y jugando cierto día con un grupo de conocidos, la cedula se le cayó viéndola y leyéndola todos los presentes que estaban con él en esos momentos.

Los que se divertían con él le afearon el pacto y le reprendieron, obligando a Ventura Rodríguez a tener que ir personalmente ante la Santa Inquisición a contar lo sucedido.

El joven aspirante a torero, era mozo casado, de 21 años de edad y trabajaba en el oficio de la plomería. Cuando estuvo declarando ante el Santo Oficio, negó que el pacto estuviese hecho con sangre, sino que lo había hecho con almazarrón, un oxido rojo producido por el hierro.

Este no fue el único caso de torero pactando con el diablo, también en el tribunal de la Inquisición de Zaragoza nos encontramos con Tomás Bartolomé, alias el torero, por sus capeas y fiestas de toros en las que participaba, decía desde la cárcel en la que estaba preso por proposiciones, que le gustaría estar mejor con el diablo que con Dios, y que cuando saliese de la prisión lo primero que haría, sería pactar con el demonio. AHN. INQUISICIÓN. 3730, EXP, 242

Otro torero tachado de apóstol del emperador de los infiernos, fue Miguel Reina, matador de toros de profesión y marinero, quién comentó, que cada vez que saliese a una fiesta de toros haría pacto con el demonio. AHN. INQ. 3735, EXP, 82 Y 421,

Sin duda un tema apasionante y desconocido para muchos: el toro, el torero y el diablo. ¿Habrá en pleno siglo XXI matadores de toros que sigan apostando por abrazar las veredas y los umbrales de la doctrina del anticristo? El tema está latente y subyacente, ¿quién se atreve a investigarlo?

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Fermín Mayorga Huertas
Nacido en Cheles (Badajoz). Investigador de la Inquisición. Ganador en 2008 del “Premio Hispano Luso” José Manuel Sarabia por el trabajo “Los Herejes del Guadiana Fronterizo”, así como autor de las obras “Los Moriscos de Hornachos Crucificados y Coronados de Espinas”. “Los Herejes de Mérida”. “Los herejes de la raya de Cáceres”. “Depuración de Maestros Nacionales en la Comarca de Olivenza”. “Los Milagros de la Virgen de la Luz de Moncarche”. “Extremadura Tierra de Brujas”. “Los Herejes de Don Benito, Villanueva de la Serena y Medellín”. Los Herejes de Badajoz y las obras de teatro: “El Chitón de los Zapata”, “La Judía de Alcalá de Henares y Esperanza y Libertad las Hijas de la Rapada”. Ha publicado cientos de artículos sobre la Inquisición y otros temas relacionados con la historia de Extremadura y otros lugares de España, así como conferencias sobre la Inquisición en Israel, Rabat, Tetuán y Chaouen (Marruecos), Vimioso (Portugal), Madrid, Universidad Complutense (Madrid), Zamora, Alcañices (Zamora), Toledo, Valladolid, Bejar (Salamanca), Motril (Granada), Granada, Madríd, El Toboso (Cuenca), jaén, Valdepielagos (Madrid), Alcalá de Henares, (Madrid) El Molar (Madrid), Alburquerque, Brozas, Valencia de Alcántara, Cheles, Villanueva del Fresno, Villanueva de la Serena, Zafra, Ateneo de Badajoz, Hervas, La Parra, Cañamero, Ateneo de Cáceres, Alconchel, Garrovillas de Alconetar, Hornachos, Plasencia, Trujillo, Mérida, Medellín, Villanueva de la Vera, Oliva de la Frontera, Piornal, Siruela, Olivenza, Valdelacalzada, Montijo, Llerena, Don Benito, Fuente del Maestre, Alcántara, Jerez de los Caballeros, Guadarrama (Madrid), Guadalupe (Cáceres) etc. Colaborador de varios medios de comunicación como Informe Enigma, la Escobula de la Brujula o Cuarto Milenio.

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