El misterio de la máscara mortuoria de Napoléon. El rostro de la obsesión…

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Cuando Napoleón fue desterrado por el ejército británico a la isla de Santa Elena el 15 de julio de 1815, su suerte ya había sido echada. Casi seis años más tarde, el 5 de mayo de 1821, moriría aquejado de unos intensos dolores estomacales que pudieron deberse a un cáncer hereditario o, más probablemente, a un envenenamiento con arsénico. El misterio en torno a su leyenda no había hecho más que comenzar…

Bienvenidos a bordo de nuevo, amigos de Informe Insólito. Hoy me gustaría descubriros los entresijos que surgieron alrededor de la muerte de uno de los mayores protagonistas de nuestra Historia. Hablamos de Napoleón I Bonaparte.

En cualquier caso, sabemos que Napoleón estaba acompañado de médicos y gente de confianza en su exilio en pleno Atlántico y fueron éstos quienes iniciarían la compleja historia de su máscara mortuoria. Y es que los sucesos que acompañaron su elaboración y posterior difusión, como veremos, están mucho más cercanos a una novela detectivesca que a una investigación académica. Existen diferentes teorías que han ido avanzando a lo largo del tiempo creando en suma un cóctel verdaderamente difícil de desentrañar. A continuación realizaremos un rápido repaso a éstas poniendo el foco en cómo la propia máscara adquiere una independencia o autonomía total con respecto a todo posible uso posterior como modelo.

Napoleón fue desterrado por el ejército británico a la isla de Santa Elena el 15 de julio de 1815.

George Leo de St. M. Watson escribió en 1915 una muy documentada historia de la máscara mortuoria de Napoleón basándose en multitud de testimonios orales, fuentes escritas y con el asesoramiento de especialistas de la época como frenólogos y antropólogos forenses. Para intentar esbozar las teorías, leyendas (y sub-leyendas) a propósito de la máscara, seguiremos en buena medida el relato de Watson al que puntualmente iremos añadiendo las importantes aportaciones y revisiones incorporadas por otros estudiosos con posterioridad (además de los recientes análisis de ADN efectuados sobre uno de los ejemplares más controvertidos, pero ya tendremos tiempo de ir deshaciendo la madeja).

Recluido en la casa de Longwood, donde permaneció durante su destierro en Santa Elena, el 5 de mayo, a las 17:49, muere finalmente el antiguo Emperador, y el gobernador de la isla, Hudson Lowe, manda al doctor Archibald Arnott que se encargue del cadáver. Mme. Bertrand, la mujer del general Henri Gatien Bertrand (militar muy cercano a Napoleón que estuvo a su lado en Elba, en Santa Elena y que después se encargó de repatriar sus restos en 1840), insistió desde un primer momento en que debía hacerse una máscara, pero al parecer se mostró reacia a que ésta fuera elaborada por un inglés. Entre tanto, los artistas Ensign Ward y Joseph William Rubidge crearon algunos bocetos del cadáver antes de que se descompusiera.

Grabado realizado a partir de los dibujos de Rubidge

El día 6, el médico corso François Antommarchi (1780-1838) declaró que podía realizar la máscara al difunto si conseguían suficiente yeso. Se intentó localizar material a lo largo y ancho de la isla pero al parecer no fue posible y él no se sentía capaz de llevar a cabo la labor con barro de mala calidad. Mientras tanto, Mme. Bertrand comenzaba a impacientarse y el doctor Francis Burton se ofreció a extraer el molde del rostro de la manera que fuera posible (al parecer sabía de un lugar cercano donde se podría encontrar yeso) viendo que el cadáver comenzaba a descomponerse. El día 7 contaban por fin con el material necesario y el doctor inglés Burton, probablemente con el apoyo de Antommarchi, se puso manos a la obra antes de que los rasgos de Napoleón fueran irreconocibles. Todo parece indicar que se obtuvo un molde dividido en dos piezas, como era habitual en este tipo de prácticas.

Recluido en la casa de Longwood, donde permaneció durante su destierro en Santa Elena, el 5 de mayo, a las 17:49, muere finalmente el antiguo Emperador, y el gobernador de la isla, Hudson Lowe, manda al doctor Archibald Arnott que se encargue del cadáver.

Al día siguiente, Burton volvió a Longwood y comprobó que faltaba una parte de la máscara. En este punto hay mucha controversia sobre qué parte fue la que desapareció (algunos autores dicen que la máscara se hizo en tres partes y que la faltante sería la correspondiente al rostro, pero esta teoría no encaja con la técnica habitual de obtención de moldes faciales) pero todos los autores coinciden en que fue Mme. Bertrand quien se llevó la pieza, probablemente con el conocimiento de Antommarchi. Burton protestó enérgicamente reclamando la devolución de la pieza, pero esto nunca sucedió. Al verano siguiente, Antommarchi fue invitado por Mme. Bertrand a su residencia en Europa y Watson sugiere que entre ambos debieron confeccionar de algún modo el modelo de máscara que hoy conocemos; sin embargo, los primeros ejemplares no verían la luz hasta ocho años después de aquel encuentro, justo después de que Burton muriera.

Antes de que la máscara de tipo Antommarchi apareciera en Europa a finales de la década de los veinte, algunas copias con rasgos diferentes empezaban a circular en determinados ámbitos. Sin embargo, tras la aparición del modelo “canónico”, éste consiguió finalmente hacerse con la fama por encima de los demás. En 1834 el médico corso realizó una exposición en Londres mostrando los moldes y fue entonces cuando empezaron a aparecer las primeras voces discordantes. Debieron circular muchas copias en aquel momento por Europa, dada la fascinación que despertaba el efigiado, pero son escasas las que han llegado hasta nuestros días. El doctor Robert Graves, primo del doctor Burton, expuso una conferencia en la que defendía que Antommarchi no había realizado máscara alguna en su estancia de Santa Elena, pero sus argumentos no consiguieron vencer al peso de la fama que arrastraba ya la pieza.

Máscara mortuoria de Napoleón llamada «Boys» de tipo Antommarchi.

Antommarchi, sabiendo que existía gran veneración en Nueva Orleans por la figura del Emperador, viajó a tierras americanas para establecer allí su residencia. En 1834 el médico ofreció a la ciudad de Nueva Orleans una copia de bronce de la máscara que se exhibiría en el Cabildo. Pronto, tanto su fuerte carácter como las enemistades que se creó en la ciudad le llevaron a trasladarse a La Habana, cuando la isla de Cuba se encontraba bajo el mando del general Miguel Tacón. Un primo del doctor, Antonio Antommarchi, tenía allí una plantación de café en Santiago de Cuba y todo apunta a que se acomodó finalmente en esta ciudad. Antes de morir hizo varias copias para diferentes personas con altos cargos que vivían en la isla y, como cuentan algunas fuentes, le regaló la original al general Juan de Moya. Las guerras acontecidas en la isla durante aquel período hicieron que la familia vendiera la máscara al general José Lacret y Morlot, cuando finalmente se le perdió el rastro.

El día 6 de Mayo, el médico corso François Antommarchi (1780-1838) declaró que podía realizar la máscara al difunto si conseguían suficiente yeso. Se intentó localizar material a lo largo y ancho de la isla pero al parecer no fue posible y él no se sentía capaz de llevar a cabo la labor con barro de mala calidad.

Después de repasar, a grandes trazos, el recorrido de la máscara de Antommarchi, son muchas las dudas que nos asaltan sobre la veracidad de la misma. El historiador Bruno Roy-Henry, defensor de la teoría de que el cuerpo que descansa en el Hôtel National des Invalides no es realmente el de Napoleón, defiende también que la máscara de tipo Antommarchi es falsa y no muestra realmente el rostro del Emperador. En una “carta abierta” al Teniente Coronel Chaduc, Conservador del departamento 1789-1871 del Museo de la Armada, Roy-Henry carga contra la versión original argumentando que se trata de una enorme estafa sostenida en el tiempo por un entramado de intereses de lo más variado y complejo. Chaduc, apoyado en las teorías del especialista en las máscaras mortuorias de Napoleón Eugène de Veauce, defiende la autenticidad de ésta fundamentalmente porque es en el Museo de la Armada de París donde se encuentra uno de los ejemplares, llamado Burguersh, que se tiene por auténtico. Al parecer esta copia fue realizada para Lord Burguersh, entonces ministro británico en Florencia, para que éste se la diera al escultor Antonio Canova (quien, según este relato defendido por Veauce, moriría antes de recibir la pieza). Roy-Henry termina por concluir que no hay un solo indicio que nos asegure que la máscara fue obtenida del rostro de Napoleón por lo que lo más probable es que fuera simplemente de otro individuo desconocido y difundida posteriormente por Antommarchi.

Además de todo lo dicho hasta ahora, muchos autores afirman la existencia de otro molde que se sumaría a este particular rompecabezas. Según la versión más extendida, éste fue vaciado por el pintor Joseph William Rubidge (quien anteriormente hemos dicho que realizó algunos bocetos postmortem del Emperador) en algún momento del 7 de mayo de 1821, para después regalarle dos copias al reverendo Richard Boys, capellán de Santa Elena, antes de su partida de la isla en junio de 1821. Boys le regaló un ejemplar a su hija, la señorita Sankey, que se encuentra hoy día en la Maison Française de Oxford, y el otro se lo dio a su hijo, el archidiácono Markby Boys, el cual estuvo hasta hace pocos años en manos de un descendiente del reverendo Richard Boys (a quien, a su vez, se la legó Leonard Boys). Las máscaras “Sankey” y “Boys”, respectivamente, cuentan además, para sumar así más elementos de discusión, con sendas notas que, aparentemente, agregarían argumentos en favor de su autenticidad.

El historiador Bruno Roy-Henry, defensor de la teoría de que el cuerpo que descansa en el Hôtel National des Invalides no es realmente el de Napoleón, defiende también que la máscara de tipo Antommarchi es falsa y no muestra realmente el rostro del Emperador.

Nota manuscrita por el reverendo Boys que acompaña a la máscara denominada «Sankey»

La máscara Sankey tiene una nota manuscrita por el propio reverendo Boys en 1862 que certificaría así su autenticidad. Dice la nota: “Loose 20th Oct.r 1862./ This Cast was taken from the Face of Napoleon Buonaparte as he lay dead at Longwod [sic] St Helena, by Mr Rubidge 7 May 1821 which I do hereby certify/ R Boys M.A./ Incumb.t of Loose & late Sen.r Chaplain St Helena”, con la fecha “7 de mayo de 1821” escrita aparte, consiguiendo con ello sumar confusión al testimonio. La nota del ejemplar de Boys, redactada por la misma mano pero mucho tiempo antes, dice lo siguiente: “This Cast was taken from the Face of Napoleon Buonaparte as he lay dead at Longwood St. Helena 7th May 1821 which I do hereby certify/ R. Boys M.A. Sen.r Chaplain/ By Rubidge”. Todo apunta a que esta nota se redactó cuando el reverendo aún servía en Santa Elena, lo que le dota a la pieza de mayor veracidad.

Hasta el próximo vuelo del misterio, amigos…..

Fuente y más info en:

http://www.e-imagen.net/project/la-mascara-mortuoria-de-napoleon-bonaparte-el-rostro-de-una-obsesion/

 

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Iván Castro Palacios
Piloto comercial, instructor de Auxiliares de Vuelo y Piloto de Drones - RPAS e investigador de misterios aeronáuticos. Colaborador de Espacio en Blanco en RNE, de RTV Onda Azul de Málaga, de PTV Málaga Televisión, de La Noche de Andrómeda en LNDA Radio, de Otros Mundos con Javier Belmar, de Ya Te Vale FM, de Informe Enigma con Jorge Ríos, de Días Extraños con Santiago Camacho y de Misterio en Red con Esteban Palomo. Contacto: ivancpmisterio@yahoo.es

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