Lobos contra pumas, guerra en Norteamérica

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Asociamos América del Norte con la modernidad. Enormes ciudades salpican la geografía de los tres paíes (Canadá, USA y México) que forman éste subcontinente. Sin embargo, también es abundante la vida salvaje que recorre sus numerosísimas llanuras, praderas, bosques, montañas y marismas.

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No son pocos los grandes depredadores que habitan esas tierras. Dos de ellos además, habitan casi cualquier medio ambiente, llegando en algunos lugares a las periferias de las ciudades grandes.

Obviamente dos especies que exploten los mismos recursos en la misma zona al mismo tiempo no mantendrán que pueda decirse, una relación de gran amistad. Se define como competencia a la relación que se establece entre dos especies que se encuentran en la situación antes nombrada (aunque la competencia también puede establecerse entre los individuos de la misma especie, en cuyo caso pasa a llamarse competencia intraespecífica).

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Lobos y pumas se encuentran por miles en Norteamérica. Son competidores acérrimos entre sí. Cuando un animal se encuentra con su competidor o con las crías de éste, lo más probable es que intente eliminarlos lo más rápido posible. Nos encontramos pués ante dos especies completamente diferentes, que sin embargo, se alimentan de las mismas presas, y que deben conseguir alimento suficiente para ellos mismos y para sus descendientes. Y la competencia es, valga la redundancia, feroz.

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El puma es el félido más grande de Norteamérica. Un macho grande puede medir 1,72-2,41 metros de longitud (si bien el tamaño de esta especie ampliamente distribuida por todo el continente americano es variable en función de las zonas), y pesar hasta 90 kilogramos de peso.

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Son más rápidos que un caballo de carreras, pudiendo alcanzar los 80 kilómetros por hora. Velocidad que sin embargo, y como suceden en los demás félidos, solo pueden mantener durante distancias cortas. Son por ello, velocistas. Trepan con facilidad, y pueden alcanzar los siete metros de altura en saltos verticales, lo que les permite incluso atrapar pájaros al vuelo. En longitud, el salto puede ser de seis metros. Sus mandíbulas les permiten estrangular a sus presas, mordiéndoles en la tráquea, aunque tienen la fuerza suficiente como para fracturar incluso la columna vertebral de animales como ciervos. Sus garras pueden además realizar cuantiosos daños en el cuerpo de sus presas. Pueden mover sus zarpas a 5,5 metros por segundo.

El lobo es, en muchos sentidos, el antagonista del puma en estas tierras. No es tan grande, si bien no es menos feroz. Un lobo gris macho adulto puede medir más de 1,5 metros de longitud y pesar hasta 75 kilogramos, lo que lo equipara con algunas de las razas de perro más grandes. No debe sin embargo, compararse al lobo con su pariente doméstico, ya que la superioridad armamentística y de sus técnicas de caza lo catapulta a un estadío al que ninguna raza doméstica de perro llega. Los lobos deben cazar para comer, mientras que los perros no.

La mandíbula del lobo sin embargo, no está pensada para realizar un único mordisco letal. A pesar de ser más fuerte que la del puma, el lobo apresa a sus víctimas, acosándolas y provocándoles daños hasta que mueren. Sus garras no son funcionales en la caza. Cuentan sin embargo con la manada, lo que les permite abatir presas a las que un lobo solitario difícilmente podría tener acceso, como los grandes bisontes que pueblas las llanuras norteamericanas. Alcanzan los 55 kilómetros por hora y pueden mantener el ritmo durante horas, llegando a recorrer hasta 600 kilómetros en una única partida de caza.

A nivel individual, un lobo no representa un duro contrincante para un puma. En muchos lugares del continente norteamicano se han encontrado cuerpos de lobos abatidos por pumas. Muchas veces ni siquiera han sido consumidos por el cazador (algo que sin embargo, es bastante común en las matanzas que unos depredadores realizan en otras especies de su mismo estrato trófico con el objetivo de eliminar la competencia). Sin embargo, como observábamos anteriormente, un lobo raramente se encuentra solo.

Los lobos tienen sin embargo, un impacto notable en las poblaciones de pumas, ya que fácilmente dan muerte a ejemplares jóvenes, los cuales debido a su escaso conocimiento, no oponen la resistencia suficiente. Además, teniendo en cuenta la gran resistencia del lobo a la carrera frente a los cortos sprints que puede dar el puma, en caso de que una persecución se prolongase las apuestas estarían más a favor de los lobos.

Los pumas son sin embargo, más fuertes que los lobos. Si bien prefieren huir, ya que en distancias cortas aventajan fácilmente a los lobos, en caso de verse acorralados responden con fiereza. Un solo zarpazo puede dejar fuera de combate al lobo.

Como vemos, a pesar de la superioridad del puma sobre el lobo, la naturaleza tiende siempre a establecer un equilibrio. Las armas no lo son todo, y a pesar de que a nivel general, el lobo parece ser el perdedor de las batallas, ha encontrado la manera de poder hacer frente.

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Juan José Alférez Cara
Biólogo. Le fascina la naturaleza y esa fuerza moduladora que durante millones de años ha dado lugar a todas las formas de vida que hoy habitan La Tierra, llamada Evolución, y que también ha servido de lienzo para las leyendas de todos esos escritores desde la Antigua Grecia hasta el Siglo XXI. Contacto:juanjoalferez1@gmail.com

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