La peste, el asesino biológico de la Edad Media

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Durante La Edad Media, en Europa era habitual emplear el término “peste” para referirse a cualquier epidemia, que normalmente segaba multitud de vidas a su paso por los pueblos del Viejo Continente. Sin embargo, esta palabra pasó a la historia añadida a otra igualmente tétrica. Nos referimos a la “peste negra”, también conocida como “peste bubónica”. ¿Pero de qué se trataba exactamente?

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La condiciones higiénicas han marcado a lo largo de la historia la existencia o inexistencia en el ser humano de determinadas enfermedades. Y dichas condiciones en la Europa Medieval no eran que pueda decirse, las indicadas. Eso no solo hacía que proliferaran como setas enfermedades a día de hoy inexistentes, sino que también acortaba notablemente la longevidad de las personas en comparación con los parámetros actuales.

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Yersinia pestis, la bacteria que produce la peste bubónica. Por extraño que pueda parecer, es un pariente cercano de las bacterias que poseemos en el intestino, y que tan importantes son para nuestra supervivencia. Sin embargo, esta no convendría albergarla en nuestro interior.

Las ratas son el principal reservorio de la bacteria. Sin embargo, en función de la especie de rata a la que la bacteria parasite pueden ocurrir dos situaciones:

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  • Rata negra (Rattus rattus), normalmente no resiste la enfermedad y los ejemplares mueren al poco de ser infectados por la bacteria.
  • Rata parda (Rattus norvegicus), de mayor resistencia a la bacteria, lo que la convierte en la principal transmisora de la enfermedad.

Como bien es sabido, las ratas son habitantes frecuentes de las zonas de escasa higiene, máxime cuando se trata de ambientes humanos, lo que a ellas les supone alimento en cantidad y escasez de sus depredadores naturales, ya que incluso manteniendo gatos domésticos, estos suelen ser bastante ineficaces en la caza de estos roedores.

Las ratas no son, sin embargo, los transmisores directos de la enfermedad. Ellas albergan la bacteria en su sangre. Son las pulgas las que, tras succionar la sangre del roedor pueden transmitir la bacteria de una presa a otra, que en caso de ser humana, adquirirá la bacteria. Las pulgas típicas de las ratas son sin embargo reticentes a alimentarse de la sangre de otros animales. Sin embargo, la elevada mortalidad que la peste produce en las ratas hace que estos artrópodos se vean obligados a variar el menú. Las pulgas de otras especies, como las de gatos y perros rara vez han protagonizado casos de transmisión de la bacteria, aunque no inexistentes.

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La enfermedad cursa por distintos estadíos una vez la bacteria alcanza el torrente sanguíneo humano:

  • Peste bubónica, llamativa por la aparición de manchas negras por el cuerpo, especialmente en las terminaciones de las extremidades. En esta etapa, la enfermedad es tratable y revierte fácilmente. Sin embargo, si no se trata, la muerte sobreviene en 3-5 días. Los ganglios linfáticos se hinchan notablemente (de ahí el sobrenombre de “bubones”). El mecanismo por el que esto ocurre se debe a que la bacteria evita ser fagocitada por los glóbulos blancos, por lo que la principal defensa a nivel del torrente sanguíneo no es útil.
  • Peste neumónica, tras 2 o 3 días de infección. Se produce tras la anterior y por inhalación de bacterias, algo habitual en el medievo por la exposición a personas afectadas de la peste. Son habituales los esputos con sangre.
  • Peste septicémica, en ocasiones se produce una dispersión rápida de la bacteria por el torrente sanguíneo sin que se lleguen a formar los bubones. La muerte suele sobrevenir en un día.

La enfermedad nació en el Desierto de Gobi, en Mongolia en el año 1.320, llegando a China 14 años después. En 1.330 arrasó Birmania, y en 1.342 llegó a La India. Debido a la enfermedad, en 1.393, la población china pasó de 125 a 90 millones.

La pandemia pasó del continente asiático al europeo como consecuencia de las rutas comerciales, llegando por primera vez a Mesina (Sicilia).

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Se calcula que la peste exterminó a 45 millones de personas a lo largo de Europa. En ciudades como Florencia, solo una quinta parte de la población sobrevivió. Rápidamente se culpó a los judíos del desastre, por lo que en muchas zonas fueron perseguidos y se extinguieron sus poblaciones.
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Juan José Alférez Cara
Biólogo. Le fascina la naturaleza y esa fuerza moduladora que durante millones de años ha dado lugar a todas las formas de vida que hoy habitan La Tierra, llamada Evolución, y que también ha servido de lienzo para las leyendas de todos esos escritores desde la Antigua Grecia hasta el Siglo XXI. Contacto:juanjoalferez1@gmail.com

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