Matemática, física e insectos gigantes

¿Alguna vez te has planteado que ocurriría si los insectos tuvieran el tamaño de un elefante?

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Desde que somos pequeños vemos en los documentales, o si somos afortunados, en persona, como los seres vivos, especialmente cuando se trata de animales, ya que capta más fácilmente nuestra atención, realizan increíbles e inigualables acciones empleando para ello la anatomía y morfología que millones de años de evolución les han dotado.

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Dichas acciones provocan en nosotros lo que podríamos considerar como envidia, ya que lo más excepcional que el ser humano puede llevar a cabo no son más que simulacros de reacciones naturales que ocurren cada cuatro años en los Juegos Olímpicos.

Esa envidia, acompañada en múltiples ocasiones por una zona frontal del cerebro bien desarrollada, ha hecho volar nuestra imaginación para pensar en criaturas asombrosas. Viendo la pequeña hormiga, de pocos milímetros de longitud, cargar con un fragmento de hoja que equivale a cuatro veces su peso y transportarlo a gran velocidad por el suelo de las profundas junglas del trópico, nuestro evolucionado cerebro (la máquina más perfecta creada por la naturaleza) nos lleva a formularnos :

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Si una hormiga de dos milímetros puede cargar un algo que pesa cuatro veces más que ella misma y transportarlo a gran velocidad por un suelo plagado de hojarasca y restos de troncos… ¿Qué podría hacer esa misma hormiga si tuviese el tamaño de un elefante?

Una pregunta bastante simple de plantear, y bastante rentable económicamente para los que se han atrevido a llevar la respuesta a la gran pantalla. Sin embargo, estudios numéricos pueden arrojan un jarro de agua fría sobre aquellos que emiten cierto brillo de sus pupilas cuando se plantean dicha respuesta.

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La pregunta podría parecer muy simple; pero más aún lo es la respuesta. La hormiga (y por extensión todos los seres vivos) tienen el tamaño que tienen que tener. Dichas dimensiones pueden, sin embargo, modificarse, pero están acotadas en el intervalo de movilidad. Existen unas “líneas rojas”, que de ser traspasadas, impiden el correcto funcionamiento de ese ser vivo, que entra en lo que los estudiosos llaman “inviabilidad biológica”.hotmiga gigante

Las dimensiones de un ser vivo no son solo su altura, longitud o envergadura, sino también su peso y las proporciones entre la longitud de unos miembros y otros, entre muchas otras variables. Lo más curioso es que al modificar una de ellas, las otras obviamente sufren modificaciones, pero la proporción no se cumple. Cada una de ellas evoluciona de manera independiente con respecto a las otras.

La forma de las patas de la hormiga está preparada para aguantar ese peso extra que el artrópodo se carga a las espaldas cuando busca alimento para transportarlo a su hormiguero, además de soportar el peso de la propia hormiga. Si aumentamos el tamaño de la hormiga, también aumenta el grosor de las patas (como con los culturistas, a más aumento de la sección del músculo, mayor es la fuerza). De ahí intuímos que una hormiga más grande puede sostener más peso que la original, y por ello, es más fuerte. Sin embargo, vemos como el peso aumenta a un ritmo mucho mayor que la capacidad de las patas para sostenerlo. Obtenemos como resultando un hecho que deja por tierra décadas de imaginación y éxitos cinematográficos. Una hormiga del tamaño de un elefante no solo no sería más fuerte que un elefante, sino que ni siquiera sería capaz de sostenerse sobre sus propias patas.

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Juan José Alférez Cara
Biólogo. Le fascina la naturaleza y esa fuerza moduladora que durante millones de años ha dado lugar a todas las formas de vida que hoy habitan La Tierra, llamada Evolución, y que también ha servido de lienzo para las leyendas de todos esos escritores desde la Antigua Grecia hasta el Siglo XXI. Contacto:juanjoalferez1@gmail.com

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