El trágico final de los colonos de la Isla de Sable

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La historia de hoy transcurrió en una época en la que ciertos países europeos viajaban al nuevo mundo con la finalidad de conquistar tierras, de ampliar horizontes aunque se tratara de un pedrusco. Querían establecer sus colonias y así competir con las grandes potencias como España. Francia era uno de ellos, ponía todo su empeño en conquistar las lejanas tierras del norte de América.

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Salían expediciones desde el viejo continente para colonizar lugares recónditos donde asentarse y donde nadie o pocos lo habían hecho. Para estas hazañas enviaban a colonos  formados por lo peor de la sociedad. Convictos, asesinos, violadores y mendigos eran elegidos cuidadosamente para poder llevar a cabo la difícil misión de construir y habitar tierras inhóspitas y desconocidas. A su vez la sociedad lograba librarse de lo peor de sus clases. Esto fue lo que ocurrió con la salvaje Isla de Sable, lugar donde fueron a acabar más de 50 hombres salidos de las prisiones francesas. Pero en esta ocasión como en muchas otras la historia acabó mal, conoceremos el trágico final de los colonos de la Isla de Sable.

A principios del siglo XVI los franceses buscaban establecerse en América, para encontrar metales preciosos y joyas y un hipotético paso hacia China. Aunque uno de los  claros motivos era rivalizar como potencia frente a los grandes conquistadores españoles.

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El destino de nuestra expedición sería la Isla de Sable, sita en Canadá a unos 300 km al sudeste de Halifax, en Nueva Escocia. Isla de una longitud de más de 40 km por 1,5 km de ancho. Isla rodeada de playas arenosas, con poca vegetación pese a tener una laguna en su interior.

Esta isla con forma de espada, de ahí su nombre, es conocida por ser un auténtico cementerio de barcos,  ya que hay registrados desde principios del siglo XVI más de 350 naufragios.  Piratas y ladrones eran asiduos de la isla, especializados en rescatar tesoros y objetos de gran valor de los barcos hundidos y que no dudaban en dar muerte a los supervivientes para robarles sus lujosas pertenencias.

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Barco encallado en la Isla de Sable llamado Crofton Hall.

La isla sufría casi todo el año los fuertes embistes de una dura climatología, fuertes tormentas y oleajes. Más de 120 días de espesa niebla al año y todo debido a las grandes corrientes de aire procedentes del Atlántico Norte en dirección al continente americano.

El encargado de realizar la expedición a la Isla de Sable fue el Marqués de La Roche, cuyo nombre completo era Troilus De La Roche de Mesgouez, quien fue nombrado por el rey de Francia Enrique IV como teniente general de los países de Canadá. Le fueron concedidas la Isla de Terranova, y Labrador y tierras adyacentes por enero de 1578. Ante la necesidad de seguir explotando nuevas tierras y conseguir nuevas rutas comerciales fue autorizado a organizar una expedición  en febrero de 1597. Días después de la Roche firmaría una acuerdo con Thomas Chefdostel, nombrándolo capitán del navío Catherine y con el Capitán Girot para el navío Francois . Ambos buques serían los encargados en partir en esta singladura.

La idea de La Roche era la de formar un grupo de personas  para llevar a cabo la colonización. Ante la falta de voluntarios para tan dura aventura, la solución estaba, como años atrás, en reclutar convictos. Esta solución despoblaría las cárceles francesas que se encontraban con un alto índice de ocupación. La estrategia del gobierno francés era  apoyada por los jueces que colaboraban sentenciando las penas al destierro al extranjero con trabajos forzosos.

Muchos de estos colonos forzados no llegaban a su destino, y perecían durante la travesía por enfermedad, otros con mucha suerte lograban escapar. Los delincuentes reclutados no eran comunes, tenían que poseer ciertas cualidades, debían ser útiles para varias tareas. Estos convictos habilidosos en el manejo de armas, en la construcción, eran robustos y fuertes. La falta de espacio a bordo era clave y condicionaba la selección. Se tuvo en cuenta la contribución financiera de los condenados. Se elegían a aquellos que tuvieran cierto estatus social que pudieran contribuir económicamente a la expedición.  En esta ocasión se eligieron a más de 50 delincuentes acompañados de una docena de soldados.

Fotografía de la NASA de la Isla de Sable.

El marqués de la Roche embarcó en el puerto de Hune (La Hougue)  un 14 de abril de 1598. Viajaron en los dos barcos, Catherine y Francois. Tras poco más de dos semanas de travesía  desembarcarían en la cara norte de la Isla de Sable cerca de un pequeño río llamado por De La Roche como Boncoeur. Desembarcó al personal y las provisiones y continuó su trayecto para explorar otras tierras para futura colonias. A los pocos días volvió a Sable pero una gran tormenta con fuertes vientos lo arrastró hacia el este llegando a alcanzar las costas francesas doce días después.

Los convictos construyeron varia residencias y almacenes liderados por el jefe de la expedición, el comandante Querbonyer. Los colonos fueron dejados con ganado y herramientas para la agricultura. Tenían suficientes víveres para resistir un primer invierno. Exploraron la isla en busca de humanos, pero no había nadie. Curiosamente la isla estaba habitada de algunos animales de granja como vacas y caballos que habían sido depositados allí 50 años atrás por expediciones portuguesas. La pesca era otra buena opción en la isla. La Roche les estuvo enviando durante los dos años siguiente barcos con provisiones formadas principalmente de comida, vino y ropa de abrigo a cambio recolectarían pieles principalmente de focas.

Imagen actual de caballos salvajes en la Isla de Sable.

Pero pronto ocurriría lo peor, se olvidarían de ellos. La Roche tuvo algunos problemas políticos en Francia y el rey le quitó cierto poder. El rey le dio poderes a Pierre Chauvi de Tonnetuit. El suministro a la isla de Sable se suspendió, aquellos hombres fueron olvidados entre 5 y 7 años.

El abandono de los colonos provocó la desesperación y se rebelaron de sus mandos. Pronto el caos reinaría en Sable.  Las fuertes tormentas destrozaron sus construcciones y se vieron obligados a buscar nuevas guaridas y refugios subterráneos hechos de restos de naufragios. Ataviados con pieles de focas como si de una tribu se tratara, para poder combatir los fríos inviernos.

Solo once hombres sobrevivieron, el resto murió incluyendo los soldados. Los pocos que quedaron tenían aspecto demacrado, poblados con grandes cabelleras y largas barbas sobre cuerpos escuálidos. Los restos visibles en la isla parecían mostrar las grandes penurias que habían sufrido. Todo estaba lleno de huesos de animales y de humanos. Al parecer la mayoría de hombres murieron en un motín enfrentándose al comandante. Los colonos terminaron asesinándose entre sí, y los que sobrevivieron posiblemente practicaron el canibalismo.

Este fue el panorama que se encontró Chedsotel, elegido por el parlamento francés de Rouen para realizar una expedición a la isla. La misión era la de avituallar a los colonos y relevar al comandante Querbonyer. Chefdostel ante tal desolación embarcó a los supervivientes, cargó de pieles el navío y puso rumbo a las costas francesas abandonando para siempre la Isla de Sable. De entre los supervivientes quedó un monje franciscano que había estado al tanto de los cuidados religiosos de la comunidad. Este monje no quiso partir, no tenía fuerzas, se encontraba enfermo y decidió quedarse para siempre en la isla. Al llegar a Francia los colonos vivos fueron presentados ante el rey Enrique IV. De aspecto salvaje y descuidado confesaron sus crímenes pero extrañamente no fueron condenados, se les recompensó económicamente por haber sido olvidados.

Sable estuvo más de dos siglos inhabitada y salvaje hasta que a principios del siglo XIX se instalaron faros para avisar a los barcos de la existencia de la isla. El ganado y los caballos salvajes siguen recorriendo sus arenas. Algunos lugareños afirman haber visto la silueta de un monje vestido con un hábito sucio y roído vagando por las playas en las frías madrugadas…

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JASS
Ingeniero de sistemas navales, seguidor del misterio, del fenómeno OVNI y de lo paranormal. Skywatcher, astronauta de salón, y sobre todo cadista. Me gusta escribir sobre historias de barcos. Colaborador en Informe Enigma. Contacto: joseasanchezs72@gmail.com

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