Canibalismo en la goleta Sallie M. Steelman

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A veces las duras condiciones meteorológicas y el mal estado de la mar pueden ocasionar que una travesía tranquila y rutinaria se complique y se convierta en la peor pesadilla jamás imaginada. Los que han tenido la suerte o desgracia de navegar bajo estas condiciones conocen la dureza del entorno, del mal transcurrir de los días, pero también muestran su mayor respeto a la vida en la mar.  Os contaremos una historia real que sucedió hace muchos años a bordo de una barco velero pequeño, una goleta. Una historia que se produce bajo condiciones de hambruna y azotado por la tempestad, provocando esta mezcla las peores consecuencias, canibalismo en la goleta Sallie M. Steelman.

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La goleta Sallie M. Steelman, matriculada en Somers Point, New Jersey, hacía la ruta desde Charleston (Carolina del Sur) hacia Baltimore (Maryland), cargada de roca fosfórica allá por el año 1878. Se trataba de un buque velero de pequeño tamaño pero de tres mástiles capaz de alcanzar grandes velocidades. Debido a su poco tonelaje era utilizado para transportar cargas principalmente entre puertos de un mismo litoral, realizaba rutas de cabotaje.

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Pintura de la goleta Sallie M. Steelman.

La tripulación estaba compuesta por siete personas, el capitán Higby y su ayudante el piloto R. Somers, el cocinero Sylvester Herbert, y los marineros Dave Barrett, Hicks, Walter Sampeon y George Seaman.

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El buque salió el 17 de diciembre de 1878 de Charleston en dirección a Baltimore. Todo parecía ir bien, cogieron muy buen tiempo así como buenos vientos lo que les propició una navegación óptima por delante incluso de lo previsto.

La tarde del 30 de diciembre cuando se encontraban a unas 20 millas del cabo Hatteras,  punto más oriental de Carolina del Norte y conocido por la gran cantidad de barcos que naufragaban, fueron violentados por un fuerte temporal procedente del noroeste. Era imposible maniobrar con la embarcación quedando a merced de la tormenta durante más de 70 horas. Sus travesía se vio mermada ya que eran empujados mar adentro. Las velas se hicieron trizas y muchos cabos se rompieron por el fuerte viento. Aquella tempestad fue toda una pesadilla hasta que el día 3 de enero empezó a amainar pese a tener todavía un fuerte viento del oeste alejando a la goleta de tierra más aún.

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Cabo Hatteras, conocido antiguamente como cabo Medanoso, en la costa de Carolina del Norte (EE.UU.).

El velamen tuvo que ser parcheado para poder ser utilizado pero no fue de gran ayuda, no existía otra salida más que esperar a que pasara el mal tiempo. Los días transcurrieron y el viento seguía soplando con gran intensidad. Para complicar aún más la situación el capitán se vio obligado a racionar la comida ya que empezaba a escasear. Y así lo hizo hasta el 23 de enero, día en el que se acabaron por completo las provisiones. Ese día hicieron una batida por todo el buque en busca de algún sustento, un trozo de pan, o alguna fruta pero a la llegada de la noche la desesperación se empezó a apoderar de aquella tripulación cansada y con un futuro poco alentador.

Lo único que podían tomar era café caliente que todavía quedaba, calmando temporalmente sus vacíos estómagos. Esa misma noche empezó de nuevo el viento a aumentar procedente del oeste, provocando daños en la cubierta y permitiendo la entrada de agua en el barco. La tripulación se tuvo que emplear a fondo durante casi dos días achicando con bombas manuales hasta que pudieron estabilizar un poco la situación. Se encontraban exhaustos y seguían engañando a sus estómagos con café. El 28 de enero el temporal empezó a remitir y pudieron gobernar la goleta, pero su puerto de destino se encontraba a cientos de millas de distancia.

Los tripulantes de la goleta habían cambiado físicamente de aspecto, estaban demacrados, se encontraban débiles y delgados, los ojos sobresalían de sus cuencas y los pómulos se habían vuelto huesudos. Algunos empezaron a tener pesadillas y a dar vueltas sin sentido por la cubierta.  Sus mentes empezaban a alucinar.

El día 30 de enero por la mañana el marinero de color George se levantó de su litera y empezó a delirar, se encontró con el capitán a quien le amenazó con dispararle si no se quitaba de su camino. El capitán accedió y se distanció, lo ignoró ya que su manera de hablar y su mirada eran poco normales. George fue en busca de otro marinero de color que estaba acostado. Le dijo que se levantara y que saliera a cubierta sino le dispararía también. Este marinero que era Walter Samson, se levantó de su litera asustado y se empezó a vestir.  George le dijo que saliera rápido que si no le dispararía mientras que se metía la mano en el bolsillo. Sampson aterrorizado sin dudarlo le disparó y lamentablemente lo mató.

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Recorte de la noticia que cuenta el caso de la goleta Sallie M. Steelman, publicado el 15 de febrero de 1878 en el “The Wheeling Daily Intelligencer”.

El cuerpo del marinero de color permaneció en la cubierta durante casi cuatro horas, nadie decía ni hacía nada, estaban en estado de shock. Uno de los marineros se acercó al cadáver y sin pensarlo cortó un trozo de carne del cuerpo y se lo llevó a la cocina. Una vez allí buscó una cacerola y puso a cocer aquel trozo. El resto se quedó horrorizado contemplando la escena. Pero la hambruna era más potente que la ética de aquellos hombres y entonces el cocinero empezó a cortar más trozos para cocerlos y luego freírlos en una sartén una vez salpimentado.

La carne no sabía mal, incluso debatieron sobre su sabor, si se parecía más a la carne de cordero o a la de vacuno. Todos colmaron sus necesidades, mitigaron momentáneamente el hambre y así pudieron seguir ocupándose con fuerzas de la goleta maltrecha.

Al día siguiente del incidente la tripulación divisó en el horizonte a varias millas un buque. Les hicieron señales hasta que pasado un tiempo ésta los vio y puso rumbo directo hacia la perjudicada goleta. Se trataba también de una goleta de tres mástiles, llamada Speedwell, que había salido del puerto de Cádiz el 7 de enero. La tripulación vio como su suerte al fin cambiaba, ya que esperaban lo peor. Una vez a bordo de la Speedwell, fueron bien tratados y alimentados y pronto estaban colaborando en las tareas del barco que los había rescatado de una muerte segura.  Por el contrario la nave Sallie quedó abandonada en la mar ya que poco se podía hacer por salvarla, no sabemos si con los restos del marinero George a bordo o no.

La tripulación y en especial Walter Sampson estaban temerosos por el desagradable incidente que había ocurrido. Creían que iban a ser juzgados, no solo por el asesinato sino por haberse comido un trozo de su cuerpo, por haber practicado el canibalismo. Sin embargo ninguna acusación cayó sobre ellos. La historia que contó Sampson en defensa propia fue bien admitida. Cuando llegaron a tierra alguno de los marineros juraron que ya no embarcarían jamás, la experiencia de esta travesía les marcaría de por vida.

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JASS
Ingeniero de sistemas navales, seguidor del misterio, del fenómeno OVNI y de lo paranormal. Skywatcher, astronauta de salón, y sobre todo cadista. Le gusta escribir sobre historias de barcos. Colaborador en Informe Enigma. Contacto: joseasanchezs72@gmail.com

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