Terremoto en Nepal: La crónica de una tragedia anunciada

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La Organización de Naciones Unidas advierte que la catástrofe superará los límites más nefastos en cuanto a la pérdida de vidas humanas. El número de muertos no deja de crecer. Un científico llamado Wilson predijo en los años 60 lo que sucedería muchos años después; lo bautizó como el “Ciclo de Wilson”. Pero hace solo una semana, científicos llegados a Katmandú anunciaron la inminente tragedia. Os lo contamos todo a continuación.

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Amigos de Informe Insólito, en esta noche en la que la tristeza y la desolación me invaden el alma mientras veo como aumenta sin remedio el número de víctimas mortales en el terremoto de Nepal y de China de ayer día 25 de Abril de 2015, me veo obligado a bajarme de los mandos del avión con el que siempre surcamos las rutas del misterio en nuestros cielos, para de alguna forma, no dejar caer en saco rato tantas muertes injustas e inocentes. Hasta el momento contabilizamos ya más de 2.500 fallecidos. Ha sido de 7,8 grados de intensidad. En zonas del planeta como California un seísmo así puede matar de 10 a 30 personas por millón de habitantes, pero en este tipo de zonas más pobres y desprotegidas del planeta podría alcanzar la estadística de entre 1.000 y 10.000 fallecidos por cada millón de habitantes. Es el 5º terremoto grave en los últimos 205 años en Nepal.

Las imágenes tan dantescas y destructivas que nos deja el terremoto de Nepal, han sobrecogido los corazones de todo el planeta.

Me viene a la memoria en estos momentos el nombre de un gran científico, meteorólogo y geógrafo llamado Alfred Wegener. En 1920 concibió una arriesgada teoría que la bautizó como “teoría de la deriva continental”. Estudió las líneas de costa de continentes hoy muy separados y comprobó que coincidían, como África y Sudamérica por ejemplo, y ante las coincidencias de formaciones rocosas a uno y otro lado de estos continentes, hoy divididos por grandes extensiones de mar, Wegener sentenció en su teoría que todos los continentes habían estado unidos formando una sola pieza a la que llamó como bien conocemos “Pangea”. Y como solo existió, según él, un solo mar, lo bautizó como el mar “Pantalasa”. Los continentes navegaban a la deriva separándose hoy en día, y hasta llegó a concebir una aproximación de la velocidad a la que se desplazaban. Nadie tomó en serio esta teoría. Así que no se lo pensó 2 veces y partió en busca de pruebas con una expedición hacia Alaska, donde falleció junto a todos sus compañeros, víctimas de la extraordinaria dureza de las condiciones meteorológicas. Recuerdo de esta manera, una historia triste de un científico adelantado a su tiempo.

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En los años 60 se descubrió la gran cordillera dorsal atlántica, que es lo más parecido a una enorme cicatriz en el fondo marino por la que constantemente se desprende magma del interior del manto terrestre. Los geólogos se recordaron entonces de Alfred Wegener y de sus teorías. Se dieron cuenta de la injusticia a la que lo sometieron por no creerle en su tiempo. A partir de aquel momento la ciencia avanzó a pasos agigantados y se pudo concluir que la superficie de la Tierra, que se llama Litosfera, está dividida en una serie de placas tectónicas que se mueven, que chocan entre sí, que se separan y se deslizan o se hunden unas debajo de otras. Se impone entonces a partir de los años 60 la “Teoría de la Tectónica de Placas”, la cual ya permite explicar gran parte de los fenómenos geológicos, como el vulcanismo, los terremotos, la formación de las cordilleras y la distribución de los diversos continentes y mares, desde la época actual hasta los tiempos más pasados y remotos.

Un científico llamado Wilson predijo en los años 60 lo que sucedería muchos años después; lo bautizó como el “Ciclo de Wilson”.

Otro científico llamado Wilson propone la teoría y el estudio de que la rotura del continente “Pangea” y su partición en diversos continentes que luego se desplazan, es un fenómeno que se produce a base de pulsos. Una vez que la energía que se había acumulado durante millones de años para romper Pangea se diluye y se disipa, los continentes volverán a unirse en el futuro formando una segunda “Pangea”, pero esta vez de forma muy diferente a la anterior. Es lo que se conoce en el mundo de la sismología como el llamado “Ciclo de Wilson”, por el cual podemos reconstruir al menos 2 veces el planeta en función de los restos de cordilleras elevadas en el pasado.

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Si tenemos en cuenta que la India formaba una placa independiente de la placa euroasiática hay que tener en cuenta que esa placa, que hoy es India, emigró hacia el Norte hasta chocar contra el continente y empotrarse debajo de él, hundiéndose parcialmente a la vez. Los sedimentos del mar que separaba ambas placas se llegaron a elevar en ese choque para constituir lo que hoy conocemos como la mayor cordillera existente en nuestro planeta: El Himalaya. Así, debido a la causa de esa unión, encontramos fósiles marinos hoy en día, como los famosos “ammonites”, de conchas en forma de cuerno de carnero, hallados a varios miles de metros de altura. Nada ni nadie podía explicar la increíble fuerza que había elevado el fondo del mar con sus fósiles a cuestas hasta aquellas altitudes. El choque de la India con Eurasia es la prueba perfecta. También en los Alpes aparecieron “ofiolitas”, unas rocas metamórficas originarias de los fondos marinos similares a piel de serpiente. Los Alpes se han elevado por presión de las placas del Sur sobre el frente europeo.

Wilson propuso la teoría y el estudio de que la rotura del continente “Pangea” y su partición en diversos continentes que luego se desplazan, es un fenómeno que se produce a base de pulsos. Una vez que la energía que se había acumulado durante millones de años para romper Pangea se diluye y se disipa, los continentes volverán a unirse en el futuro formando una segunda “Pangea”.

50 sismólogos llegaron a Katmandú, Nepal, una semana antes de este gran terremoto. Lo predijeron, sabían que ocurriría una desgracia sin precedentes y trataron de llegar a tiempo para alertar a las autoridades y a la población. Jamás pensaron que llegarían con tan poco tiempo. Estaban en una carrera imposible de ganar contra el destino. Un nuevo seísmo de magnitud 6,7 sacudía Nepal este mismo domingo 26, agravando la situación de ayer sábado 25 de Abril. Se cuentan 6.000 heridos hasta el momento. En el Himalaya, en el Monte Everest, se ha vivido una gran avalancha inicial por el gran seísmo, seguida de otras 3 avalanchas hoy después de la réplica de 6,7 grados. Los montañeros fueron muy explícitos: “La montaña crujió sin fin, fueron 15 segundos tan largos como 15 años”. En estos momentos, 22 montañeros han fallecido oficialmente y otros 217 están desaparecidos. Algunos en el Everest describen la altura de la avalancha como un edificio de 50 plantas de alto. Entre los fallecidos está Dan Fredinburg, alto directivo de la empresa Google. En concreto ha quedado arrasado el campo base de Makalu, a los pies del Monte Everest.

La estupa de Syambhunaath, en Katmandú, Nepal, conocida como el Templo del Mono, quedó así después del terremoto.

Continuamos, desde la redacción de Informe Insólito, siguiendo muy de cerca todas las noticias procedentes de esta catástrofe geológica sin dejar de vigilar con el rabillo del ojo a ese gran volcán Calbuco que se ha despertado en Chile y que nos mantiene a todos en vilo. Dicen los expertos que de continuar las enormes erupciones y el vertido de cenizas a nuestra atmósfera con esa magnitud, estaríamos ante un principio de Invierno Nuclear en parte del Planeta. La Tierra de nuevo se desangra y se resquebraja y la raza humana tan solo puede pararse a contemplar sin remedio la majestuosidad de la gigantesca fuerza de la Madre Tierra. Os mantendremos informados…

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Iván Castro Palacios
Piloto comercial, investigador de misterios aeronáuticos. Colaborador de Espacio en Blanco en RNE, de RTV Onda Azul de Málaga, de PTV Málaga Televisión, de La Noche de Andrómeda en LNDA Radio, de Otros Mundos con Javier Belmar y de Ya Te Vale FM. Contacto: ivancpmisterio@yahoo.es

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