Descubre la brutal matanza de delfines en Japón

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Todos los años, entre los meses de Septiembre y Abril tiene lugar en la Isla de Taiji (Japón), la mayor matanza de delfines y otros pequeños cetáceos que existen en el mundo.

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taiji japon delfines
Posición de Taiji en la región japonesa de Kinki.

Japón es prácticamente el único país del mundo donde aún se llevan a cabo estas carnicerías (aunque también son por desgracia comunes en las Islas Feroe, bajo la tutela de Dinamarca). Pero… ¿quién es el verdadero culpable?

Estos delfines son conducidos a la costa creando una “barrera de sonido”, es decir, los barcos forman un cerco y emiten señales a muy alta frecuencia, que asustan a los delfínes, acorralándolos en aguas poco profundas. Entonces, pescadores japoneses se acercan a los animales.

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Pintura del Periodo Edo en la que se representa esta tradicional caza de cetáceos.
Pintura del Periodo Edo en la que se representa esta tradicional caza de cetáceos.

Una vez acorralados los animales a escasos metros de la orilla comienza la masacre. Los considerados como más “bonitos”, son capturados vivos, y más tarde representantes de parques acuáticos y delfinarios de todo el mundo se acercarán a la zona para comprar los que más les interesen. El resto, son arponeados vivos y mutilados, para acabar en los supermercados de Japón. Eso sí, en ninguna ocasión se verá el producto etiquetado como “carne de delfín”.

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Los delfines son tratados de la más cruel manera, como si de seres inertes se tratase.

Cualquier muerte animal hace que una garra de acero constriña hasta el más inamovible de los estómagos. Pero en el caso de los delfines, es especialmente doloroso ver como estas bellas y nobles criaturas, que han inspirado leyendas con su bondad, mueren para acabar como conserva de pescado, tiñendo las aguas que los han visto nacer del más escalofriante de los tonos del rojo.

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Los que son seleccionados para los parques acuáticos, pasarán la vida que les resta entre las cuatro paredes de un tanque. Cierto que en cautividad los delfines llegan a vivir cincuenta años, frente a los treinta que alcanzan como máximo en libertad. Sin embargo, ¿a costa de qué? Por increíble que parezca, a costa de “volverse locos“. Saltando para una multitud de personas que gritan y patalean, con música disco de fondo. Los delfines emplean el sonido para orientarse. Por ello, al vivir en un tanque, sus propios sonidos rebotan contra las paredes, haciéndoles desorientarse con su propio eco. Con el paso de los años, estos delfines desarrollan úlceras y problemas de salud debidos a este continuo estrés, además de perder la propia capacidad de emplear la ecolocalización. Problemas que los entrenadores solucionan atiborrándolos de fármacos dentro de los peces con los que los alimentan.

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Los espectáculos con delfines no son una reproducción fidedigna del comportamiento de estos bellos cetáceos en la naturaleza. Prueba de ello es que en los parques acuáticos donde se celebran, y en los casos en que los animales son mantenidos en un tanque con acceso a otro mayor en que entrenan y se ven los espectáculos, los animales, en los momentos previos al show, giran nerviosamente frente a las puertas que comunican los tanques, señal de que están hambrientos, pues es el hambre la única manera con la que el hombre puede someter a éste inteligente ser.

Los espectáculos con delfines están prohibidos en muchos países, y en la inmensa mayoría de los países donde aún se permiten, solo pueden llevarse a cabo con delfines nacidos en cautividad. Por extraño que parezca, y por muchas leyes que se redacten, en nuestras manos está acabar con estas masacres. No debemos comprar entradas para este tipo de espectáculos. Y si viajamos a Japón, no debemos consumir nada que lleve pescado, ya que lo más probable es que se trate de carne de delfín, aunque como mencionarnos anteriormente, sin etiquetar como tal.

sushi
El sushi de delfín es más habitual de lo que pensamos. En estudios realizados a la población de Japón, se demostró que muchos lo habían consumido pensando que se trataba de pescado.

Los saltos de los delfines no son para entretenernos a nosotros, son técnicas perfeccionadas que les permiten, bien escapar de sus depredadores, quitarse los parásitos al golpearse de nuevo contra el agua, o en determinadas situaciones, comunicarse entre ellos.

Estos animales han evolucionado en el océano, que es donde deben estar, ese es su hogar, no una bañera de grandes dimensiones. Si nos gustan los delfines, una de las mejores experiencias para avistarlos es desde los barcos, en mar abierto. Con ello, se le hace un bien al turista y a los delfines. Además, es mucho más económico que cualquier parque acuático.

Asociaciones ecologistas de Japón están año tras año denunciando estas situaciones, pues creen que es inadmisible que en un país moderno, como es Japón se lleven a acabo estas acciones. Ciertamente, se han reducido en los últimos años, pero aún queda trabajo por hacer.

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Juan José Alférez Cara
Biólogo. Le fascina la naturaleza y esa fuerza moduladora que durante millones de años ha dado lugar a todas las formas de vida que hoy habitan La Tierra, llamada Evolución, y que también ha servido de lienzo para las leyendas de todos esos escritores desde la Antigua Grecia hasta el Siglo XXI. Contacto:juanjoalferez1@gmail.com

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