José Piñeiro: el héroe gallego que inventó el “vuelo de la gaviota”

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Aviador, gallego, valiente, decidido. Diseñó en su cabeza una maniobra aérea que jamás nadie repetiría a lo largo de la historia de la aviación. Se llama José Piñeiro González y fue uno de los pilotos más intrépidos de la aviación de nuestro país. Esta es su historia.

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Bienvenidos una semana más a Informe Insólito, amigos. Nuestro protagonista de hoy se llamaba José Piñeiro y nació en Mugardos el 15 de Diciembre del año 1878, en la región de Ferrol, provincia de La Coruña, al noroeste de la península ibérica, en España. Nació incluso casi 30 años antes que uno de los aviadores que más revolucionó los años gloriosos de la expansión aeronáutica, como era el empresario Howard Hughes (nacido en EEUU en 1905 también un mes de Diciembre), pero ambos se dedicaron a una única tarea: el arte de pilotar y de volar. El privilegio más grande para el ser humano desde hace muchos años, surcar los cielos como narraba la historia de Ícaro y Dédalo

Era un hombre que, según dicen, transmitía sobre todo admiración a las gentes de la zona. Era un hombre fantástico, activo, decidido, valiente, era un gallego ejemplar.

Ambos aviadores se diferenciaron en su manera de conseguir los retos allá arriba, en los cielos. Hughes pretendía ser el aviador más rápido a bordo de un ingenio volador fabricado por la mano del hombre. Pero Piñeiro siempre persiguió ser el aviador más ingenioso en su campo. Comenzaba así una carrera aeronáutica en pleno inicio del siglo XX. Piñeiro soñaba con volar como los pájaros que veía, lograban. Para él, aquel arte, sencillamente era mágico. Que el hombre pudiese volar para él era magia pura.

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José Piñeiro, en aquella época era dueño de una factoría donde se producía gaseosa, esa bebida que aún a muchos nos entusiasma, en el municipio de San Xenxo, en Galicia. En aquel pueblo llegó incluso a ser Alcalde, estaba felizmente casado e instalado viviendo allí pero en su cabeza algo cambió de repente para siempre. Se paró a pensar en su sueño y lo dejó todo por intentar alcanzarlo. Y por lo tanto, decidió hacerse piloto. Para ello tuvo que irse a Francia, en concreto a la región de Pau, donde recibió sus clases de vuelo y sus horas de instrucción. Y cuando consiguió la licencia, lo primero que hizo fue comprarse un avión. Adquirió un avión del tipo Blériot, que valía 25.000 pesetas de la época, tenía 50 CV de potencia en el motor y así comenzó su andadura como aviador.

Piñeiro compró un avión de la época del tipo Blériot, que valía 25.000 pesetas, tenía 50 CV de potencia en el motor. Con este avión se hizo un ídolo del aire.

En 1913, ya era conocido en toda la región gallega como el “Aviador Piñeiro”, sobre todo en la zona de la provincia de Pontevedra. El cielo gallego era el mayor protagonista de sus constantes acrobacias aéreas y cada vez se volvía más experto a los mandos de su Blériot. Cuando las gentes escuchaban el rugir de su motor de 50 CV salían a las calles y llenaban los lugares sociales para seguir sus acrobacias. Algo impresionante de ver en aquella época. Era todo un héroe de los cielos y, sin embargo, todavía hoy sigue siendo para muchos profesionales de mi mundo, la aeronáutica, un gran desconocido.

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José Piñeiro fue el primer aviador que realizó vuelos invertidos, con su avión boca abajo, en países como Argentina y Cuba, donde esas acrobacias jamás se habían visto antes. La maniobra se llamaba “Looping de Loop”. De hecho, la historia y muchos testimonios cuentan que sirvió de inspiración para otros héroes de la aviación española, como fueron Ramón Franco (el hermano piloto del Caudillo de España, Francisco Franco, que se hizo famoso por la hazaña del vuelo del Plus Ultra), Joaquín Loriga (aviador militar español nacido en Lalín, Galicia, que realizó, junto con otros 2 pilotos y 2 mecánicos, el famoso vuelo Madrid-Manila de la Escuadrilla Elcano) o Francisco Iglesias Brage (pionero de la aviación, militar, ingeniero y explorador español). Los tres eran gallegos.

Piñeiro siempre persiguió ser el aviador más ingenioso en su campo. La prensa de la época lo describía como un aviador valiente, decidido, con mucho coraje a la hora de pilotar, todo un héroe de los cielos.

Piñeiro comenzaba a desafiar claramente los efectos de la gravedad con su técnica de pilotaje. En la zona de San Xenxo, muy cerca de la playa de Silgar, tenía uno de sus dos campos de vuelo de pruebas. Desde allí también realizó uno de los primeros vuelos que llegaron a  la ciudad de Vigo. Otro campo de pruebas para sus vuelos lo tenía en la zona de Baltar, donde llegó a construir todo un aeródromo. Era un hombre que, según dicen, transmitía sobre todo admiración a las gentes de la zona. Era un hombre fantástico, activo, decidido, valiente, era un gallego ejemplar.

Es cierto que no podría haber alcanzado este tipo de logros sin la ayuda económica de la familia de su mujer, que tenían por aquel entonces, muy buena posición. Aquella ayuda inestimable y tan necesaria le llevó a alcanzar muchos de sus sueños aeronáuticos. Enseguida la prensa española tuvo conocimiento de sus hazañas sobre los cielos y enseguida se hizo eco de sus proezas y de sus acrobacias. De hecho se hizo muy conocido por ganas diversos campeonatos aéreos, sobre todo contra rivales franceses. Los aviadores franceses eran muy comedidos con las condiciones meteorológicas pero Piñeiro era tan atrevido que, cuando todos se quedaban en tierra, el salía a volar.

Diseñó en su cabeza una maniobra aérea que jamás nadie repetiría a lo largo de la historia de la aviación. La bautizó como el “vuelo de la gaviota”. Mientras realizaba una pasada baja por encima del agua del mar, iba rozando con una de sus alas el agua.

La prensa de la época lo describía como un aviador valiente, decidido, con mucho coraje a la hora de pilotar, todo un héroe de los cielos. De hecho una vez despegó sin apenas tener pista y cuando quiso volver a aterrizar era tan corta que terminó estrellándose. Ni este tipo de incidentes lo detenían. Él seguía persiguiendo sus metas. Otro accidente famoso que protagonizó fue, nada más y nada menos, que delante de la propia familia real durante la botadura del buque militar acorazado “Alfonso XIII” en la Ría de Ferrol. Una mala maniobra lo llevó a estrellarse contra el mar pero sobrevivió. La Infanta Isabel lo felicitó al ver su hazaña y ordenó que rescatasen su avión de las aguas. Tuvo más accidentes pero nada graves ni con nada que lamentar.

Diseñó en su cabeza una maniobra aérea que jamás nadie repetiría a lo largo de la historia de la aviación. La bautizó como el “vuelo de la gaviota”. Mientras realizaba una pasada baja por encima del agua del mar, iba rozando con una de sus alas el agua, a modo de una gaviota cuando sobre vuela la superficie del mar y va constantemente tocando el agua. Era muy temerario al realizar este tipo de acrobacias pero solamente esa actitud fue la que verdaderamente le llevó a convertirse en un ídolo de los cielos, sobre todo en España.

Los aviadores franceses eran muy comedidos con las condiciones meteorológicas pero Piñeiro era tan atrevido que, cuando todos se quedaban en tierra, el salía a volar.

El aviador gallego, coruñés, que retó a la gravedad con los vuelos invertidos y  el “vuelo de la gaviota” no falleció, ni mucho menos, a causa de un accidente aéreo. Murió desgraciadamente de una pulmonía a la edad de 49 años. Por eso José Piñeiro merece ser recordado y homenajeado en el mundo entero, en el mundo de la aviación y, sobre todo, en esta sección de Misterios Aéreos, por ser uno de los aviadores españoles más valientes que nuestro país ha conocido nunca. Y, por la parte que me toca, además de mi tierra. De lo cual me siento tremendamente orgulloso. Joaquín Loriga, el aviador militar de Lalín, lanzó flores desde su avión el día del entierro de Piñeiro. Algo que su familia y amigos jamás olvidaron….

Su recuerdo no ha muerto, sobre todo gracias a la labor tan grande que Miguel Botana, Alcalde de San Xenxo en los años 70, realizó para que perdurase siempre en la memoria de todos los gallegos. Promovió la realización de su escultura. Además, Jaime Corral que es escritor, escribió el libro “El Vuelo de la Gaviota” para que Piñeiro fuera siempre recordado.

Monumento en San Xenxo, Galicia, en recuerdo y homenaje a José Piñeiro González, el aviador gallego que conquistó los cielos con maniobras imposibles.

Una historia digna de Informe Insólito, en recuerdo de uno de los héroes gallegos y españoles del aire más valiente que nuestro país jamás ha conocido. Seguiremos conociendo historias de aviadores españoles que fueron genios en su época y la historia los está olvidando injustamente. Hasta el próximo vuelo, amigos del misterio…

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Iván Castro Palacios
Piloto comercial, investigador de misterios aeronáuticos. Colaborador de Espacio en Blanco en RNE, de RTV Onda Azul de Málaga, de PTV Málaga Televisión, de La Noche de Andrómeda en LNDA Radio, de Otros Mundos con Javier Belmar y de Ya Te Vale FM. Contacto: ivancpmisterio@yahoo.es

6 Comentarios

      • Que quieres que te diga… De aviación ni repajolera para poder discutirte algo o llevarte la contraria…. Podria intentarlo pero la colección de zascas que me caerían seria epica no crees?

        • Pues entonces, la crítica es doblemente sobrante porque creo que las críticas innecesarias son el síntoma del mayor aburrimiento de una persona.

  1. Hola Iván; quizás hay una explicación sencilla para que nadie pueda repetir la maniobra “vuelo de la gaviota” con un avión moderno. El Bleriot con 50 CV de Piñeiro, ¿a qué velocidad volaba cuando rozaba la cresta de las olas con el ala? Los aviones de entonces podían volar a velocidad de bicicleta, pero yendo más rápido el agua se vuelve muy, muy dura. ¿Qué pasaría si Piñeiro intentara hoy la maniobra con tu avión?
    Pienso que Piñeiro, además de un aviador excepcional, sería también un buen nadador, por si acaso…
    Gracias por tu interesante historia.

    • No puedo sino darte toda la razón en el comentario que nos regalas Josep. Desde luego aquellas aeronaves volaban a muy poca velocidad, tanto indicada como con respecto al terreno y eran muy fáciles de “malear” pero eso no quita que la maniobra fuese tremendamente arriesgada como para meter el plano en el agua. A poca o mucha velocidad es sinónimo de accidente fijo. Gracias por leernos Josep. Seguro que Piñeiro nadaba estupendamente jajaja….

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