Así es la Iglesia Palmariana

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Allá por la primavera de 1968 en la finca La Alcaparrosa, próxima a la pedanía utrerana de El Palmar de Troya en la provincia de Sevilla, se sucedieron una serie de episodios de apariciones por parte de algunos vecinos de diversas edades. En una España azotada por la incultura endémica provocada por una dictadura con tendencias despóticas, la expectación frente a lo insólito se extendió como la pólvora y un ser oportunista de nombre Clemente Domínguez Gómez declaró haber sido elegido por el mismísimo Jesucristo para fundar una nueva Iglesia. El supuesto ungido acompañaba su testimonio sobre sus visiones mesiánicas con unos ocurrentes estigmas aparecidos en su cuerpo y algunas almas cándidas dieron rienda suelta a su verborrea misal sin ningún tipo de miramiento. Tanto es así que una señora de piadosa fe vio a bien legar su fortuna por la causa Palmariana y eso ayudó a financiar una gira internacional para recabar fondos a la par de crecer en adeptos.

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iglesia palmariana
Iglesia de El Palmar de Troya.

La Iglesia del Palmar fue aceptada con gusto entre algunos estratos de la alta sociedad, puesto que con cada aportación recibida entregaban un recibo de exención tributaria por contribuir con una congregación religiosa y merced a ello no faltan las numerosas acusaciones de fraude fiscal que recaen sobre los palmarianos.

Hasta aquí bien podría tratarse del guión de una conocida película de Juanma Bajo Ulloa, pero este caso dista mucho de “Año Mariano” dado que en la realidad existe la ley de compensación de la cual no escapa nadie. El visionario Clemente quedó ciego tras un accidente de tráfico en Mayo de 1976 y aún así, seis mayos más tarde en 1982, una manada de fervientes cristianos le lincharon cuando en un discurso el charlatán tachó de ramera a Santa Teresa de Jesús, además de pretender llevarse consigo las reliquias de la santa que se conservaban en la localidad de Alba de Tormes en Salamanca. No debía transmitir la suficiente lástima aquel invidente cuando los fieles la emprendieron a golpes con el coche donde pretendía huir de su desplante, y no es de extrañar dada la rigidez de sus diatribas hacia una icono tan misericordiosa para el mundo cristiano. Para entonces hacía años que Clemente se había autoproclamado como papa Gregorio XVII, con fideicomiso expreso de Jesucristo por supuesto, cuando estando de gira por Bolivia se enteró de la muerte de Pablo VI y regresó de urgencia a Sevilla para establecer allí su Santa Sede. En 1988 ya contaba con su propia estructura eclesiástica y se jactaban de ser la verdadera Iglesia, aunque tuvieron que renunciar al apellido Católica para poder ser legalizada como tal.

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La opulencia siempre ha sido el estandarte de una Iglesia tremendamente estricta con sus feligreses y bien puede ser tachada como una secta capaz de destruir familias por medio de la fe, una más entre tantas. Los palmarianos tienen sus propios cardenales, obispos y sacerdotes provenientes de familias muy devotas, no menos excéntricos que el propio suplantador de papas y rodeados por generosas controversias. Manuel Alonso Corral que llevaba en la organización desde el principio, tras la defunción de Clemente Domínguez en 2005, dio un paso al frente para envestirse a la torera como papa Pedro II hasta su muerte en 2011. Es entonces cuando su secretario de estado, Ginés Jesús Hernández, fue elegido en cónclave para proclamarse como papa Gregorio XVIII y aquí saltan las chispas cuando en abril de 2016 éste renuncia al papado palmariano para abandonar la vida religiosa con la intención de casarse con una antigua parroquiana liberada, denunciando en mayo de este mismo año que la nueva Iglesia había sido todo un montaje desde el principio. Lejos de claudicar otros se han hecho cargo de la cúpula, pese a la merma en fieles, concretamente Joseph Odermatt de origen suizo aguarda ser envestido como Pedro III el 16 de julio en la basílica del Palmar y en su primera encíclica aprovechó para acusar de ladrón al papa prófugo. Sin embargo, desde su exilio en la localidad granadina de Monachil donde vive con su novia, Ginés Jesús ha declarado que hablará más adelante para demostrar los motivos de su ruptura radical con la diócesis palmariana.

Más sombras que luces rodean a esta nueva Iglesia que viene perdiendo fuerza desde la muerte de Clemente, único intermediario de la orden eclesiástica con la divinidad, un mucho dictatorial y fácil de inocular bajo el hipnótico sentimiento producido por la fe según cuenta el propio Ginés. No es nuevo que alguien se aproveche de un surgimiento espiritual espontáneo para conducir interesadamente a las masas y alejarlas del misticismo interior por medio de pastores, en este caso el detonante fue un puñado de visiones que nadie puede asegurar cuantas fueron ciertas o cuantas eran falsas. En cualquier caso no podemos culpar por entero a unos pobres diablos que vieron a bien replicar un sistema de esclavismo espiritual limitante, pues en el fondo éste no es más que un subproducto del dogma cristiano que sometió Roma a base de hoguera y espada a costa del espíritu libre que supuso Jesucristo en la historia de la humanidad.

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La Iglesia del Palmar no es más que un fractal minúsculo de la Iglesia Católica, esa red más grande que nos inculca una moral idílica gracias a la mayúscula figura del hijo de Dios y a su vez culpabilizándonos procuran separarnos de nuestra condición de hermanos de Él. Jesús caló en el mundo su mensaje preclaro de ser un alma enteramente consciente hasta convertirse en la espina clavada en el pie de un enorme imperio y la Iglesia “negocio de estampitas” resultante fue la piedra en el zapato que Clemente Domínguez se quitó para levantar su propio caudillaje. En conclusión pudiéramos decir que la suerte de un loco es dar con otro más desequilibrado, aunque por desgracia todo esto no hace más que emborronar la figura de aquel apreciable loco de Nazaret cuya única demencia fue desvivirse para que nos amemos los unos a los otros sin reparo y mientras tanto la Gran Ramera no hace más que dividirse con la intención de domar por entero la confianza del mundo.

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Miguel Ángel Alijarte Piñar
Escritor, residente en Granada. Ha trabajado en comercio y distribución antes de pasar una temporada dedicado a la vida contemplativa. Fruto de sus reflexiones, publicó en 2012 la novela 'El niño lanzó la piedra', a la que siguió en 2013 'Cuento a la vida'. 'Diario de un ignorante' es su último libro (gratis en Internet). Actualmente, trabaja en su próxima novela 'Bromas'.

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