La Casa de la Bailarina: Danza con los espíritus

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Todo empieza frente a una fotografía, observando con asombro una casa de Indianos, escondida tras un jardín centenario. Vista de esta manera, me da la sensación de viajar a otro siglo, cuando las cosas se construían con amor y cariño, centrándose en potenciar sus encantos.

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Por eso, al fin y al cabo, no he hecho otra cosa que tirar del fino hilo – que creo que en cualquier momento se va a romper – para que conozcáis una preciosa historia, que tiene como objetivo elaborar el gran retrato familiar que aún se esconde detrás de sus maltrechas puertas.

La Torre SARRÁ

El Imperio de los Sarrá

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Desde el descubrimiento de América, la migración de españoles a las Indias fue una constante asociada a la colonización de los nuevos territorios y se mantuvo de forma regular. Si bien es cierto que recién entrado el siglo XX Cuba fue el destino predilecto de miles de españoles, que huían de la dramática situación social y económica que entonces experimentaba nuestro país, la afluencia masiva hacía Iberoamérica fue a finales del siglo XIX. Pero, sin embargo, años antes, otros españoles ya se marcharon a hacer las américas, porque creían que un pasaje hacia el nuevo continente era la llave de la tierra prometida.

Y es que el baúl de los retornados de Cuba, está lleno de aquellos que tuvieron suerte y pudieron volver a nuestro país con grandes cantidades de dinero. Por todo ello se ganaron el sobrenombre de los Indianos. Un ejemplo lo encontramos en uno de los actores fugaces de nuestra siguiente historia, José Sarrá Catalá.

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A mediados del siglo XIX José Sarrá Catalá y su tío Valentín Catalá ya trabajan como farmacéuticos y tenderos en nuestro país, pero, aun así, decidieron irse a Cuba con la intención de probar suerte en los negocios. Pero consiguieron mucho más. Prácticamente la Habana se rindió a sus pies.

La familia Sarrá en la farmacia la Reunión en Cuba

Su largo paso por la capital de Cuba fue todo un paradigma, convirtiendo a estos dos empresarios catalanes en algunos de los primeros capitalistas de Latinoamérica. Desde la farmacia y droguería que fundaron en el año 1853, invirtiendo 50,000 pesos de la época, junto a un pozo de agua pura, en pleno centro de la Habana Vieja y que bautizaron como La Reunión, hasta el imponente palacio Art Nouveau, donde hoy se encuentra la embajada española. Nada parecía interponerse en el imperio de los Sarrá.

Por lo pronto, menoscaban las iniciativas que se venían de cara en favor de la divina providencia que parecía no abandonarles ni un segundo, a diferencia de otros españoles que, compraron su billete para el nuevo mundo con la esperanza de hacer ricos, y que volvieron a casa con las manos vacías, por no haber triunfado o por haber lapidado su fortuna. Sin embargo, no era el caso del tío y del sobrino.

Gracias a los avances en sus negocios, a la ampliación de los mercados y el surgimiento de nuevas necesidades, los dos empresarios no solo trabajaban en la gloriosa farmacia, sino que, también construyeron un laboratorio donde preparaban ungüentos, que más tarde distribuían y vendían a los hospitales de Cuba. Por todo esto, en el año 1858, decidieron incorporar a la empresa a otro miembro de la familia. El científico y negociante José Sarrá Valldejulí. Sobrino del con-fundador.

El joven Valldejulí, aterrizó en las américas para revolucionar la empresa. Amplió el gran establecimiento de la Reunión, incorporando varias oficinas y edificaciones anexas, que ocupaban una manzana entera. Además, construyó un almacén y prolongo el laboratorio: añadiéndole aparatos de última generación para la época. En definitiva, creo la mayor farmacia de toda Latinoamérica y se cree que la segunda del mundo tras la Norteamericana Jonhson, llegando a tener a su cargo a más de cien farmacéuticos. Incluso El rey Alfonso XII concedió a Valldejulí el título de Farmacéutico y Droguero de la Real Casa, pudiendo utilizar el Escudo de Armas Reales, en las etiquetas de sus productos. Por todo esto no es de extrañar que él fuera quién continuó con la expansión del negocio, que aún perdura a día de hoy en Estados Unidos, cuando los dos fundadores decidieron volver a España.

El primero en irse de Cuba fue Valentín Catalá, en el año 1865, para establecerse por su cuenta en la ciudad de Barcelona. Once años después, en 1876, lo haría José Sarrá Catalá. Quién aterrizó en el escenario de nuestra historia. Arenys d’Empordà.

Farmacia la Reunión en la actualidad

La Torre Sarrá

No sabemos cómo era el paisaje que dejó atrás José Sarrá cuando se marchó hacía el nuevo continente y tampoco sabemos cómo era el escenario que se encontró cuando llego de nuevo a España. Pero lo que, si sabemos, es que lo primero que hizo fue comprar al noble Joaquín de Sarriera, conde de Solterra, las 141 hectáreas de terreno que ocupaba la finca del Castillo de Arenys d’Empordà, en el municipio de Garrigás. La enorme hacienda contaba con campos de cultivo, bosques, varias masías y una casa para los guardeses a orillas de río Fluvià. Y fue justo entre este y el castillo que mando construir un palacete de Indianos, de arquitectura ecléctica para él y su esposa Emilia Adriá y las dos hijas que tuvo con esta: Teresa y Emilia. Según la información aportada en la biografía de José Sarrá, conoció a su esposa en la isla de Cuba y fue aquí donde nacieron sus dos progenitoras.

Castillo de Arenys d’Empordà

La gran mansión contaba con una monumental fachada, decenas de estancias privadas, grandes pilares, exquisitos detalles, galerías, pórticos, inmensos jardines, fuentes, miradores, una torre y verjas de ensueño; todo ello coronado por una inmersa escalinata de piedra que descendía hasta un embarcadero, donde un batelero obsequiaba a las gentes del lugar, con un idílico paseo por las corrientes del rio: La casa de José Catalá era sin duda un pequeño paraíso en la tierra. Se trataba, en suma, de una singular vivienda; una mezcla inaudita  en la que se había construido un inmueble con nombre e identidad propia.

Primero empleado, luego empresario. Antes pobre y luego rico. Así fue la vida del conocido Indiano catalán, que pese a tener la fortuna de cara, la muerte no parecía tenerle en su lista de olvidados, ya que un año después de la construcción de su lujosa villa, en 1877, justo con 56 años, fallecía en la ciudad de Barcelona de un infarto, dejando una gran conmoción entre los que le conocían.

El fallecido empresario otorgó gran parte de su herencia, constituida sobre todo por inmuebles, a sus dos pequeñas hijas: Teresa y Emilia, que por aquel entonces tenían 2 años y 9 meses de edad respectivamente. A su esposa le dejó una pensión vitalicia de 9000 pesetas al año además de sus “efectos personales, así como domésticos” y le pidió que gestionara la sucesión de las herederas hasta que estas cumplieron la edad de 25 años. Datos del testamento a posterior revelaron que el dinero en efectivo depositado en el banco tenía que ser empleado en la compra de nuevos inmuebles. Un ejemplo de ello, fue la adquisición del gran edificio de estilo neoclásico, situado en el número 45 del paseo de gracia en Barcelona, justo al lado de la casa Batlló, y que a día de hoy aún es conocida como la Casa Emilia Adrià. Pero, sin embargo, el buque insignia de la familia sería y sigue siendo la casa de Arenys d’Empordà, conocida actualmente como la Casa del Francés.

A la derecha de la Casa Batlló podemos observar el edificio adquirido por la familia SARRÁ, conocida como Casa Emilia Adrià

Conozcamos a Àurea de Sarrá

En el año 1899, catorce años después de la muerte del empresario Sarrá, Emilia Adrià Serra, quién ya era considerada una mujer de la alta burguesía de Barcelona, y que en aquel momento tenía 31 años, decide rehacer su vida y se casa con José Val. Fruto de este nuevo matrimonio, nacerían sus tres hijos: Leoncio, Justo y Emilita. El nombre de esta última sería un diminutivo ya que el nombre de la madre, se lo había puesto a Emilia, la segunda hija que tuvo con Josep Sarrà. Sin embargo, dos años antes de conocer a su nuevo marido, Emilia había tenido una hija en una relación extra-matrimonial, algo que no estaba bien visto para la época y menos para alguien de su posición. La inscribió con sus mismos apellidos, pero con el orden invertido (algo que era de costumbre entre las madres solteras): Àurea Sarrá y Adrià. Un nombre que con los años ocuparía las primeras páginas de revistas, diarios, marquesinas, así como carteles de teatro y musicales. Pero, ¿quién era realmente Àurea de Sarrá?

Àurea de Sarrá

Quién busque hoy información sobre ella, llegara aún cruce de caminos, sin fundamento ni sentido. Muchas personas aseguran en sus blogs personales que era hija natural de José catalá Sarrá, pero como ya hemos visto, cronológicamente no es posible puesto que Àurea nació 12 años después de la muerte del empresario cubano-catalán. Pero, según estas páginas “didácticas” el parentesco quedaría probado por la coincidencia del apellido. Recordemos que en España no se legisló hasta el siglo XIX (Ley del Registro Civil de 1870 y Código Civil de 1889) respecto a cómo debían apellidarse las personas. Hasta entonces, el uso de un apellido u otro era un derecho personal, que pertenecía al ámbito privado de modo que las personas y familias podían usar los apellidos que, por tradición, origen o por cualquier otra causa quisieran adoptar. En el caso que nos atañe en esta historia, se debe exclusivamente, a un juego de palabras invertidas de una madre soltera de la época, Emilia Adrià Sarrá.

Otra de las conclusiones que se nos plantea cuando profundizamos en los primeros años de vida de Àurea, y que quizás pudieran ser más fiables por estar publicadas en revistas de la época, harían referencia a que su padre era un maestro republicano de Badalona. Concretamente en la revista Mirador, del 4 de abril de 1929, el periodista Jaume Passarell publica el artículo “La chica de Can Picafoc” en el que identifica a Àurea de Sarrà con la hija de profesor badalones republicano, tan solo porque según este, ambos tenían una estrecha unión cuando ella era pequeña. A pesar de la profusión de datos biográficos que ofrece este artículo, podemos encontrar una gran cantidad de contradicciones que se desmontan por si solas con la biografía de la artista.
Sin embargo fue 
Núria Sadurní Puigbó, quien en el artículo “Àurea de Sarrà, una artista amb passat badaloní”, publicado en la revista digital “Carrer dels Arbres de historia i patrimonio de Badalona, núm. 2. (2016). pàg. 106-119, completo muchos de los datos aportados por Pasarell en la revista Mirador, hasta el punto de arrojar luz a uno de los aspectos más desconocidos de la vida de Sarrá: su infancia. Todo parte desde el momento que su madre Emilia Adrià celebra su segunda boda, en 1891. En ese momento decide alejar a su hija de dos años Àurea de su nueva familia, puesto que no tiene padre ni fortuna que encaje en su forma de vida. Por este motivo, Emilia decide dejarla con una familia de Badalona para que se encargue de su educación. El hogar donde Àurea pasara sus primeros años de infancia era conocida, con el nombre de Can Picafoc, y de ahí la confusión.

Fotografía de época. Lugar donde se crió Àurea de Sarrá. propiedad intelectual de la imagen: Archivo Histórico de la ciudad de Badalona y el Museo de Badalona.

Sería de nuevo Josep Maria Cuyàs quién identificaría el nombre real del maestro que se escondía detrás del seudónimo de esta vivienda situada en la calle de Lluch (actual calle del Canonge Baranera), concretamente en el número 78, José Batlle Solà y su esposa, Rosa Arquero Culla. Registros de empadronamiento del año 1904 contrastaron que desde el año 1891, una niña llamada Àurea Sarrá, vivía bajo la tutela de este matrimonio. Según estos documentos, la niña en aquellos momentos tenía 15 años, y había nacido en Barcelona en el año 1889.

Ambos autores badaloneses coincidieron también en que cuando Àurea tenía 12 años de edad se puso a trabajar en la fábrica textil de Can Giró, una empresa ubicada en el número 161 de la calle de Guifré de Badalona, y que era propiedad de Josep Giró y Blanch, conocida como Ca la Esopo. Según estas informaciones, este cambio en la vida de nuestra protagonista se debería a la muerte de su verdadero padre, al parecer un aristócrata que regularmente llevaba dinero a la casa de los Batlle. Pero la realidad de nuevo era más sencilla, la pequeña Àurea tenía que contribuir a su mantenimiento debido a que su madre, que era la que se encargaba de pasar una manutención, falleció con 41 años en 1901, cuando ella tenía exactamente 12.

Padrón de habitantes donde figura Àurea Sarrá. Propiedad intelectual de la imagen: Archivo Histórico de la ciudad de Badalona y el Museo de Badalona.

Pocos años después, Àurea se traslada entonces a Barcelona y comienza a relacionarse con su hermanastra Emilia Sarrà Adrià. Una relación que al parecer ya se había iniciado años antes, pero sin duda es a partir de este momento que se intensifica, hasta el punto que Áurea se traslada a vivir con Emilia en el piso que ésta tiene en el Paseo de Gracia. Una gran casa presidida por un retrato (según testimonios de amigas de Àurea, que la visitaban con regularidad) de una mujer elegante y guapa. Hablaban sin duda de su difunta madre, Emilia Adria Sarra. Pero este lugar fue algo más que un hogar para ella. Aquí alimentó su talento y forjó su paisaje artístico. Aquí se descalzó para dar sus primeros pasos como una gran artista. Una musa de la danza que llegaría a rozar el cielo.

La Musa de la Danza

Àurea de Sarrá

En el año 1920 el teatro Eslava de Madrid, presentaba una nueva bailarina de la compañía teatral de Gregorio Martínez Sierra, apadrinada por la estrella del cine del momento Catalina Barcena. Desde aquel momento a Àurea Sarrá muchos la compararían con la gran diva y considerada como la creadora de la danza moderna, Isadora Duncan. Sin embargo, Àurea había llegado a los escenarios para ser algo más, había llegado para transformar la danza contemporánea. En cada actuación, asombraba al público como una ninfa, como una diosa, como mujer cautivadora, como mujer atormentada, pasional, ingenua, del mundo real, o del mundo de la fantasía. Tanto podía ser la representación de una princesa egipcia, o una joven de Grecia, una aristócrata francesa o la mismísima hija de un dios. Nada se resistía a su encanto y a esos movimientos sensuales acompañados por la mágica música de grandes artistas como Chopin, Granados, Paderewski o Johann Sebastian Bach. Según sus propias palabras: “La idea es bailar sobre las ideas y las sensaciones que la partitura me comunica. Lo recibo como un poema, que no expreso en palabras, sino con los movimientos y las líneas de mi cuerpo y con la expresión de mi rostro ” Su éxito fue tan grande que la honraron con el apodo de “el alma que danza” e incluso los críticos más duros de la época se rendían a los pies de aquella mujer alta, rubia, que salía al escenario con tirantes finos, ropajes delgados cargados de pedrería y sinuosos colores. Una combinación perfecta ante el clamoroso aplauso de aquellos cuantos la contemplaban.

Àurea Sarrá

Conquisto el mundo entero a través de los escenarios más prestigiosos e incluso llego a actuar y conseguir los premios más distinguidos de una cultura que a ella le fascinaba. La cultura griega. Siendo uno de sus más fieles admiradores, el ministro griego de aquel entonces, el dictador Theodoros Pangalos, quién asistió a muchas de sus representaciones. Los periódicos le dedicaron páginas enteras y el poeta nacional griego, Köster Palamas, llegó a decir de ella en un poema memorable que sus pasos abrían caminos de sueño y que era la vencedora absoluta de la danza.

Y fue así, en una de sus tantas representaciones que conocería al que sería el amor de su vida. El periodista, crítico de arte, traductor y novelista español, conocido por el seudónimo Silvio Lago, José Francés. Podríamos decir que fue un amor a primera vista.

José Francés

José Francés era un crítico de arte de fama reconocida, comisario de bienales y exposiciones, novelista, dramaturgo y un hombre de teatro que se casó con una actriz de la compañía de Fernanada ladrón de Guevara, Rosario Rodríguez Acosta. Sin embargo, se enamoró de Àurea el mismo día que la conoció en una representación de ópera en el Teatro del Liceo de Barcelona. Pero, no sería hasta la muerte de su esposa, años después de ser internada por una enfermedad mental, en 1950, que finalmente José con 67 años y Àurea con 61 contrajeron matrimonio. Para asombro de muchos, casi dos décadas antes de las nupcias y estando legalmente José Frances divorciado, tuvieron un hijo, Alberto Francés Sarrá. Quien fuera un condecorado militar sobre todo por combatir al lado de las tropas de Adolf Hitler, sirviendo como alférez el 1 de Julio de 1941 en la 12ª Cía. III Bón. del Rgto. de Infantería 262 de la División Azul.

Alberto Francés cuando ingreso en la División Azul

La Casa de la Bailarina

Muchos son los que creen que la vida de esta gran artista se forjo entorno a la casa de Arenys de Empordà, pero lo cierto es que prácticamente, excepto los veranos, vivía junto a su marido en un hermoso palacio de la ciudad de Madrid. Tampoco se sabe con seguridad como paso a ser propietaria de esta villa de Indianos, aunque se especula que quizás, fuera su hermana Emilia que al fallecer en el año 1930 le dejara toda su enorme fortuna en herencia.

Àurea Sarrá con su marido José Francés en la Torre Sarrá. Fotografía propiedad de M.V.V

Como ya hemos citado más arriba, francés vivía en un hermoso palacete madrileño, Àurea tenía una gran fortuna, aunque estaba prácticamente retirada del mundo del espectáculo. Era el tiempo último de la República, una época compleja, donde a la sombra del crecimiento de la ciudad, se celebraban in-sinuosas fiestas de alta burguesía. Sin embargo, el matrimonio no tuvo esa suerte. Tuvieron que refugiarse en la embajada de Rumania por las amenazas de muerte que Àurea sufrió por su riqueza en inmuebles y tierras. Pero pese a todo nuestra musa se mantuvo firme, era una mujer fuerte, aunque le dolió más la anulación del divorcio de francés por el régimen franquista que los miedos a la propia muerte.

Los veranos los pasaban en Arenys d’Empordà, en la torre que José Sarrà hizo construir en 1877 y de los que ahora eran los propietarios Àurea y su hijo Alberto. La torre Sarrá, que fue prácticamente destruida durante la retirada de la brigada Líster, a manos de les tropas republicanas, se convirtió en el lugar de encuentro veraniego de artistas, alrededor de la luz influyente de José Francés, el secretario perpetuo de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, que decoró parte de esta villa de recreo con varias de sus obras de arte, que mando trasladar desde Madrid.

A todo esto, había que sumar las exposiciones de cuadros en honor a Àurea, repartidas por diversos puntos de la pequeña población de l’Empordà. Una obra tras otra, que denotaba el cariño que procesaban a la chica de Can Picafoc, y que hicieron de este vecindario de pocos habitantes, un lugar glamuroso.

José Francés (izquierda) Alberto Francés(centro) Àurea de Sarrá(derecha) en la Torre Sarrá. Fotografía inedita nunca antes publicada y cedida por Mariangela.V.V

Pero los gastos de una situación social tan alta, no tardaron en mostrar una economía que da cada vez era más débil, impulsada con desesperación a “una penosa condición de vida”, ante los ojos de una “burguesía vital y emprendedora que procuraba defender sus privilegios”. Àurea tuvo que vender parte de la herencia: las casas de la Habana, de Barcelona e incluso muchos de los dibujos y pinturas de francés, Picasso, Solana, Benedito. Pero lo que nunca vendió y de lo que nunca se quiso deshacer, era el centro y origen de su vida, la casa de Arenys d’Empordà. El lugar donde iría a pasar sus últimos años de vida, tras la muerte de su marido en 1964. Ella tenía 75 años.

De Musa de la Danza a un fantasma errante

De la vieja aristocracia y la alta burguesía a una simbiosis de pobreza y soledad. Así es como describen los últimos años de vida de Àurea Sarrá aquellas personas que publican en sus blogs, una historia distorsionada por el simple hecho de añadir ingredientes escabrosos a una historia ya de por si atormentada. Pero de nuevo la realidad es muy diferente a la ficción mostrada en estas páginas llenas de fiabilidad, matices y contrastes históricos.

Àurea Sarrá, jamás estuvo sola. En la casa conocida a día de hoy por algunos como “La Bailarina” y para otros “La Casa del francés” vivió rodeada de su música, sus perros, sus amigos y su inestimable compañera Constança, que no se separaba de ella ni un momento y con quién compartía la preciosa villa de Indianos. Pero sobre todo pasos sus últimos años arropada por el cariño de los vecinos cercanos, que, a día de hoy, casi 45 años después de su muerte, aún la recuerdan como “La Señora”. Muchos de ellos guardan vivos momentos de su niñez, correteando alegremente por los jardines de la Torre Sarrá, donde por las tardes Àurea les preparaba chocolate y otras exquisiteces.

Àurea Sarrá vestida de blanco ( izquierda ) con su inseparable Constança ( derecha ) y sus perros., en la entrada de la Torre del Francés, poco antes de fallecer. Fotografía inedita nunca antes mostrada y cedida por Mariangela V.V

Por otro lado, con respecto al ámbito familiar, su hijo, Alberto Francés del que también se ha dicho que abandono a su madre, venía muy a menudo por la gran casa, siempre y cuando sus negocios se lo permitían. Tenemos que tener en cuenta que el heredero francés Sarrá, además de forjarse una gran trayectoria militar, fue educado en las mejores escuelas e incluso estuvo muchos años trabajando en los Estados Unidos como Técnico de la Organización de Estados Americanos y Catedrático de Psicología Social en la Universidad de Columbia. Por ello, ocupaba altos cargos, que lo mantenían muy ocupado, pero la comunicación con su madre tanta por escrito como por teléfono era constante.

Una prueba de ello la encontramos en una carta que Àurea le escribió a su hijo Alberto el 20 de agosto de 1968, cuando llego a la casa de Arenys d’Empordà. Tenía 79 años y hacía esta descripción del entorno que tanto amaba:

Puedes comprender la ilusión del viaje en el afán no sólo de encontrar la fresca temperatura deseada para sentir pasar horas apacibles al aire libre, sí en el deseo de contemplar el verdor permanente del paisaje fértil del llano, donde la semilla determinan, ya en sazón de su fruto dorado y pródigo, se balancea a las brisas imitando el mar. El mejor fruto, el más generoso “como su Diosa” que trae al hombre de buena voluntad “el pan nuestro de cada día”. El ir y venir de aquellas brisas suaves que de noche van a acunarse a la mar, para despertar frescas al apuntar la Aurora y traernos hasta nuestra tenaza “la marinada” salobre, yodada y perfumada, al recreo de quien sabe percibirla. ¡Este mar Mediterráneo, Egeo y mil nombres más! Este mar que a muchos se les antoja débil, pequeño, demasiado femenino. ¿No es su nombre la mar.’ Sí claro. Que a pesar de tales injurias es la primera mar del mundo. Es el mar tranquilo, pero severo, de majestuosa autoridad cuando su ley lo requiere. Mar portador de viejas civilizaciones, mar de tradición. Mar que trunca al hombre su Brutalizad, su ferocidad, su salvajismo, amansandolé a la sutilidad, a un refinamiento que a través de los siglos le ha enseñado, aportando así a la vieja Europa la perfección cultural, que ajusta al resto de sus normas y su sabiduría. Si puede llamarse débil a un mar así: Bendita sea su debilidad, porque de ella nace lo sensible, lo sutil, que aquieta y educa el alma humana. Sí. El afán digo de encontrarme aquí, en su quietud serena, en aquel deseo de fundir espíritu y pensamiento en la estética visión natural, cobijada bajo el espacio infinito, desde donde el “Astro Rey” da forma y color a la contemplación donde su luz reposa, es para mí mayor encanto.

Àurea de Sarrá (carta extraida del blog de Mariangela.V.V)

Alberto Francés en una reunión de antiguos combatientes de la división azul

De Madrid a Barcelona, de París a Londres, de Buenos Aires a Egipto y de Roma a Grecia. Así fue la vida de Àurea Sarrá, una vida que termino en 1974, con 85 años, pero que su legado sigue presente en cientos de periódicos de la época, carteles, bibliotecas, libros, textos, artículos y documentales. Pero sobre todo sigue muy presente en los maltrechos pasillos de la Torre Sarrá, donde al parecer muchas personas aseguran que su figura fantasmal aún deambula. Ecos de voces lejanas, cambios de temperatura bruscos, sensación de opresión y vigilancia, dispositivos de grabación que se transforman en equipos de reproducción que emiten una dulce melodía de danza clásica, imágenes distorsionadas y grabaciones psicofonícas de una altísima claridad, nos han dado testimonio, en nuestras numerosas visitas, que algo “quizás ella” sigue custodiando celosamente la casa de los Sarrá.

La Torre Sarrá en la Actualidad

Para sorpresa de aquellos buscadores del abandono deteriorado y digno de un plató de un film de terror, la casa de Àurea Sarrá se conserva prácticamente intacta, con los efectos visibles del paso del tiempo en su estructura. Pero, aún es visible las dimensiones del jardín, todas las estancias, cámaras y antes cámaras, galerías, portones, fuentes, columnas y detalles, así como las obras de re-estructuración que llevó acabo su hijo Alberto al poco de fallecer su madre, cuando se mudó a Arenys d’Empordà. Al parecer Alberto Francés mando construir varios establos, vaquerizas y almacenes (aún visibles por la zona) con la finalidad de establecer en ese lugar, una pequeña industria lechera. Sin embargo, de nuevo la suerte no estaba de su parte, el negocio no próspero y estando prácticamente en la ruina tuvo que vender la casa en los años 90, a un empresario hotelero de Platja d’Aro, al cual no le interesó restaurar la edificación en absoluto dejándola en manos de la providencia y del paso del tiempo. Con los años, el hijo de Àurea vio en fotografías el estado de la casa familiar. Tan solo pudo derramar lágrimas porque se había perdido.

Vaquerizas y almacenes construidos por Alberto Francés después de la muerte de Àurea Sarrá

Alberto Francés fallecido el 14/09/2012 en Madrid a la edad de 90 años. A posterior fue enterrado en el nicho familiar que el mismo mando construir, entre el Castillo de Arenys d’Empordà y la Iglesia de la misma población, que una vez fueran parte del patrimonio de la familia. Le otorgo a este lugar de sepulcro el nombre de “Domus Àurea” en honor a su madre y al amor que esta tenía por la esta cultura milenaria. Actualmente descansa en este lugar junto a los restos de su madre y la hermanastra de esta. Emilia Sarrá Adriá.

Àurea Sarrá

Bibliografía: Hemerotecas del siglo XIX y siglo XX. Blog de Mariangela.V.V. Revista de Badalona (SADURNÍ PUIGBÒ, Núria, “Àurea de Sarrà, una artista amb passat badaloní”, a Carrer dels Arbres. Revista digital d’història i patrimoni de Badalona,  núm. 2. (2016). pàg. 106-119. Archivo Nacional. Archivo histórico de Garrigás. El bloc de Carme-Laura Gil. Foro de tres exdivisonarios. Ajuntament Arenys d’Empordà. Memoria historica de Cuba. Archivo Hisotorico de Badalona y Museo de Badalona

  • Gracias a Mariangela V.V por su aporte de información y por desvelarme datos que recopilo durante su investigación, la cual le ocupo muchísimos años, y que a expuesto en revistas, blogs y conferencias a lo largo de casi 20 años. Del mismo modo le estoy eternamente agradecido por facilitarme imágenes de su propiedad que nunca había hecho publicas. Podéis seguir su trabajo en el siguiente enlace: http://mariangelavilallonga.blogspot.com/
  • Agradecer también al archivo de Garrigas y el ayuntamiento de Arenys d’Empordà mis incesantes preguntas.

La historia de Àuresa Sarrá podría ocupa mas de un treintena de paginas, tan solo hablando de su trayectoria profesional. En este artículo e simplificado lo más importante y relevante para comprender las mentiras y leyendas que se han forjado entorno a este villa palaciega de indianos

Jorge Ríos

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Jorge Rios Corral
Investigador y divulgador de la temática paranormal. Es director y presentador en Informe Enigma y Enigma en la Onda en Onda Cero Menorca. Colaborador independiente en varios medios de comunicación como el último Peldaño o Rne Barcelona, en Cataluña Territori Magic. Articulista en la revista Mundo Misterioso y Delegado de la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP) en Gerona y así como coordinador de TCI España en Cataluña. Contacto: enigma-rpa@hotmail.com

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